El virus
POR HORACIO BUSCAGLIA
Es como un virus, sí, un virus. Hay un montón de otras cosas sobre las que uno quiere hablar pero el mojo ese no se va. Esta ahí, las imágenes se corporizan delante de tus ojos cuando vos estás queriendo mirar otra cosa. Donde menos se piensa salta el urutaú. Porque mirá que hay otros asuntos para ir viendo pero, ¿qué querés?, el tipo ahí entregado (entregándonos), humillado (humillándonos), no se me puede borrar. Y, tras cartón, verlo (vernos) transformado en el hazmerreír de seudohumoristas porteños, me da más bronca que vergüenza. No por él, claro, que se lo tiene bien merecido. Eso y mucho más: como que cayera en manos de verdaderos humoristas o que toda esta serie de hechos fuera analizada en profundidad en algún almuerzo de ADM, por ejemplo.
O que algunos periodistas de nuestro país discutieran y analizaran hasta dónde su actitud obsecuente con el poder, tiene algo que ver con la soberbia del urutaú presidencial que cree que puede decir lo que no dijo sin desdecirse de lo que dijo y nadie se va a enterar. O que los políticos coalicionados nos hicieran saber cómo creen ellos que continuará el teleteatro nacional de «la responsabilidad y la seguridad que debemos brindar en estos momentos cruciales a la ciudadanía y a las instituciones internacionales».
Es cierto, yo sé que hay otras cosas para prestarles atención. Que por allí andan una cifras que ni te cuento y que se viene un montón de guita que sería interesante saber de qué manera se va a repartir y están las cosas que el presidente (único uruguayo que pudo hacer tres pucheros en menos de un mes), dijo «on the record» –es decir: atrodén del récor — que son peores que las del «off», es decir: offside (orsay, quedó en).
Yo sé todo eso, y me da bronca seguir hablando del tema, porque al final uno se aburre y deja de lado cosas importantes, por eso es que no te voy a decir nada. Para que nos agarre el virus urutaútico. ¿Tá? *
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