Hoy Juceca

El FBI y la CIA atorados de trabajo

Escribe: Julio Cesar Castro

 

Hay que reconocerlo: los norteamericanos son unos fenómenos. ¿Por qué? Primero que nada, por esa capacidad que tienen para convencer al mundo de que son unos fenómenos. Y después por todo lo demás, que incluyen a la increíble CIA y al inefable FBI. Esa yunta es realmente fantástica, y sus agentes son de una imaginación y creatividad realmente asombrosas.

El estilo y la frecuencia con que se equivocan, o dicen haberse equivocado, es notable. Pasan de una cosa a la otra, inventan un enemigo mortal, y al poco tiempo lo cambian por otro sin haber atrapado al anterior que, al parecer, lo tenían ubicado, cercado, pronto para reventarlo en cuestión de horas. Pero se distraen, el tipo (que siempre es un feo) se les escabulle y hay tantas cosas que atender, vecina, que no pueden estar en todo, porque vio que a cada momento asumen responsabilidades. Es bravo. No es que sean ineptos como dicen algunos que no saben valorar el esfuerzo y las dificultades. Es que están atorados de laburo. Fíjese que llevan más de cuarenta años tratando de asesinar a Fidel Castro y ahí sigue el otro, vivito y coleando. ¿No lo han logrado, por incapaces? No seamos ingratos. Es que no terminan de concretar un atentado cuando ya se ven embarcados en otro. Lo de las Torres Gemelas parece que se pudo haber evitado, que había información sobre la preparación de un atentado brutal, pero según Bush no hubo buena comunicación entre el FBI que se encarga de lo de adentro, y la CIA que se encarga de lo de afuera. Dijo que no se comunicaban apropiadamente. Parece también que hay muchos celos. Que si lo mato yo, que si lo mata el otro, que si les paso el dato o no se los paso, que si aquel es un asquerosito que anda diciendo no sé qué, que si la mujer del otro se acuesta con el jefe de tal departamento y el tipo se entera, una cosa trae la otra, se retiran el saludo, se guardan información y vienen los malos y ¡páfate!, los revientan. Ahora, Bush, que reconoció los errores sin largar una lágrima por los miles de muertos en las Torres, cuya última columna fue enterrada con honores militares por los servicios prestados y por haber caído en acción, dijo que el problema de la incomunicación «ya fue abordado». Lo dicho: son unos fenómenos, por esa capacidad que tienen de hacernos creer que, realmente, son unos fenómenos. *

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