Cuando éramos un Arca de Noé

Aunque desde siempre los uruguayos creemos que la fauna exótica es algo relacionado con Africa y Asia, ni remotamente con nosotros, los paleontólogos están cada vez más seguros de que esto no fue siempre así.

Elefantes, osos, tigres «dientes-desable», llamas de una tonelada, carpinchos de 150 quilos, poblaron estas tierras en abundancia. También extrañas criaturas sólo lejanamente emparentadas con animales modernos, como perezosos terrestres bípedos de tres metros de altura, animales «acorazados» como las mulitas pero grandes como un hipopótamo, y hasta caballos -milenios antes que los conquistadores españoles los introdujeran, compartieron el espacio que hoy conocemos como Uruguay.

Estos animales desaparecieron recientemente, en términos paleontológicos, es decir hace unos diez mil años, poco, si los comparamos con los dinosaurios que se extinguieron hace 65 millones de años.

Cuando los grandes saurios se extinguieron, el campo quedó libre produciéndose un fenómeno que en materia evolutiva se llama «radiación», consistente en la ocupación de múltiples nichos ecológicos por parte de las especies que antes estaban limitadas por las variedades dominantes desaparecidas. De aquella proliferación de especies «inmigrantes» queda poco y nada en la región, salvo insectos. La comadreja es la más popular, y prolífica, de las sobrevivientes. Menos conocida es la tortuga «Laúd o Siete Quillas», la más grande las tortugas vivientes, de la que en costas uruguayas se han capturado especímenes de una tonelada y dos metros y medio de longitud. *

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