
Aves. De las 440 especies de aves en el paÃs, la mayorÃa está siendo diezmada para alimentación humana, y no necesariamente vivas. Sus huevos además de consumidos están siendo vendidos por centenares a panaderÃas de campaña, como sustituto de los comercializables, de gallina.
Las perdices al borde de la extinción, son rarezas en un momento en que cualquier pájaro, a veces incluso los carroñeros, pasan a la olla.
Roedores. Los apereás, parientes directos de los ratones, siempre fueron accesibles en malos momentos. Son los de más fácil caza y en tanto prolÃficos, encontrables. Conllevan alto riesgo sanitario. Los mayores roedores en el planeta, los carpinchos, se han convertido en rareza en los predios no particulares y su supervivencia está seriamente cuestionada.
Batracios. La caza (aunque en campaña le digan pesca) de la rana criolla, el anfibio autóctono de mayor tamaño que llega a pesar 120 gramos, dejó de ser atracción campera infantil. También la rana del Chaco, que vive en nuestro paÃs, ahora es buscada.
Desdentados. Si la “mulita” es delicadeza rara, cada vez es más fácil encontrarlas en manos de vendedores a los lados de las rutas. Si no se venden, el destino es sabido. Lo grave es que variedades extrañas, como el “tamanduá” u oso hormiguero chico y el “mao-pelada”, están corriendo igual suerte. *
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