El hambre arrasa con la fauna
DANIEL MARTINEZ SOTO
«La crisis está obligando a la gente del campo a comer lo que puede cazar, lo que genera una desastrosa situación para la conservación de la fauna autóctona», afirmó la doctora Susana González. Representante para Uruguay en la Unión Mundial Para la Naturaleza (UICN), explicó que el organismo nuclea individuos e instituciones en nuestro país que «están haciendo un gran esfuerzo, pero no siempre eso se refleja en avances en Uruguay».
Directora de un área específica en UICN, el Grupo especialista de Ciervos, estimó que «incluso dentro de la crisis, Argentina y Brasil por ejemplo, van 50 años adelante de nosotros en materia de protección de su fauna». Explicó en ese sentido que la adecuación de parques nacionales efectivos, la existencia de personal rentado, de biólogos, de visitas guiadas, entre otros, hace que, «incluso en estos tiempos a ellos les parezca sumamente insuficiente lo que se hace en nuestro país. Se podrá decir que ellos tienen grandes dificultades, tráfico de animales y demás, pero al lado nuestro tienen un avance grandísimo», enfatizó.
En cuanto a la respuesta gubernamental para el tema, girando siempre sobre la importancia de educar, a nivel de las entidades internacionales no se la descarta, pero se insiste en que vivimos tiempos de otras prioridades. Es decir, para cuando los actuales educandos asimilen la importancia del proteccionismo y crezcan, se considera que difícilmente sobrevivan especies vitales del ecosistema.
«La educación es efectiva, pero no es inmediata; los resultados los vamos a ir viendo, pero los problemas son muy serios, urgentes, y no sólo a nivel de nuestro país. No se puede esperar veinte años para pasar la responsabilidad a la generación siguiente: hay que ir tomando medidas ya», apuntó la especialista.
La urgencia inmediata
«Son necesarias políticas muy concretas. Como ejemplo, podemos citar las de protección al monte indígena. Allí se aplica un sistema de exoneraciones para los propietarios de los campos, que si bien es difícil decir si tiene el adecuado control, son exoneraciones impositivas que han hecho posible preservar el monte indígena», estimó la doctora González.
Acerca de la desaparición de grandes mamíferos en el país, se considera ya que los grandes felinos han corrido esa suerte. «Siempre aparece alguien diciendo haber visto huellas, por ejemplo, pero no debemos olvidar que aún existen grandes felinos en cautiverio ilegal, que escapan». El «ciervo de los pantanos» también es catalogado como extinguido, en tanto han pasado cincuenta años desde el último registro documentado. «Está muy asociado a cursos de agua y eso los conduce a la extinción» explicó refiriendo como ejemplo a la situación de esta variedad en el estado de San Pablo, donde la construcción de una represa diezmó y finalmente los colocó en riesgo de extinción.
En cuanto a los pequeños mamíferos y otras variedades, describió la situación uruguaya como sumamente comprometida, aún cuando se ha contado con la ayuda espontánea de la población para investigar en cada oportunidad que aparecen animales que pueden parecer distintos a los conocidos.
«Hay que destinar fondos a investigación para establecer qué debemos preservar. Si bien es inconcebible pensar que en un país con un territorio tan chico, se vaya a destinar toda la tierra a conservar, en tanto la selección de especies y áreas ya está hecha por los técnicos, debería llevarse adelante un plan concreto».
Destacó la importancia del ecoturismo como elemento positivo para la preservación, «pero no confundirla con las actividades habituales de un establecimiento, un turismo rural, criollo o tradicional, que por supuesto está bien, pero eso no es ecoturismo», al que definió como ajeno totalmente a la intervención con mejoramiento humano. González considera que instrumentos legales existen, pero su cumplimiento está alejado de lo imprescindible. «Lo importante ahora es controlar».
La caza como dieta
«De los mayores problemas que hoy encontramos es que la gente está pasando muy mal en el Interior. Entonces vemos que la gente está cazando animales para venderlos y también para comérselos», explicó.
Descartó que solamente los mamíferos estuvieran sufriendo esta caza para supervivencia, «también las aves, prácticamente todas. Ya no se trata de cazar perdices, sino de casi cualquier ave».
Apuntó en tal sentido que «la desocupación es tremenda y está haciendo estragos. Si uno va por el Interior cualquier día de semana a las tres de la tarde, se ve gente en bicicleta con la escopeta al hombro. Y no creo que la gente esté haciendo eso porque sea lo que más les gusta: lo está haciendo para comer».
Resaltó que enfermedades transmisibles podrían estarse propagando, «en tanto se consumen animales silvestres, obviamente sin ningún control sanitario, potencial reservorio de distintas afecciones. Acá ya no estamos hablando solamente de la salud de la fauna, sino de la misma salud de las personas».
En cuanto a las proyecciones que se pueden realizar a partir de ejemplos ocurridos de consumo masivo de fauna autóctona en otros países, consideró las consecuencias como desastrosas. «El más claro ejemplo es la Europa de posguerra, donde comían cualquier cosa y hasta ahora ha sido imposible recuperar alguna fauna. No sólo la terrestre, hay casos de ríos cuyos peces desaparecieron sin retorno».
Recordó que Uruguay ha suscripto convenciones internacionales, que lo obligan a determinados controles, cumpliéndose algunas a nivel de los especialistas, pero omitiéndose otras, tan o más importantes, en general.
«Las consecuencias de no ejercer un control adecuado, son inconmensurables desde todo punto de vista. Y el momento indicado, el único para asumirlas, es ya», concluyó. *
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