La mujer musulmana en los paralelos de la libertad

El porte del velo no impide a la mujer islámica realizarse intelectualmente, tanto en letras como en ciencias. Incluso en países donde les está vedado el ejercicio de actividades comunes, como conducir, alcanzan un lugar destacado en el ámbito profesional.

Esto no significa que sea lícito obligar al porte de ésta u otra prenda. Tampoco prohibirlo. La libertad, a la que todo ser racional tiene derecho, estriba en la voluntariedad. Y en saber que termina donde empiezan los derechos y libertad del otro.

Las mujeres del sur de la provincia de Cádiz, que no eran musulmanas, escondieron el rostro tras la «cobija» hasta el advenimiento de la Segunda República (1931). Tan represivo fue el padre o marido, que obligó a usarla a la que no lo deseaba, como los poderes públicos al prohibir el porte voluntario.

El signo externo puede ser reflejo de un estado de represión. Pero no causa. La causa está en una legislación que dimana de la costumbre. Condicionada por la mentalidad colectiva, la condiciona a su vez.

Extremo como el integrismo talibán no es exclusivo del Islam. Lo encontramos en otros credos y en la vida diaria. «Integrista» es quien impone un modo de pensar, expresarse, actuar o comportarse, aplicando medios coercitivos.

Si contemplamos el mundo con perspectiva histórica, veremos que hace doscientos años la mujer europea estuvo tan sometida al hombre, alejada de la vida profesional y colectiva, como actualmente en los países del Islam más ortodoxos.

Actualmente es «integrista» el Papa, pretendiendo imponer con carácter general criterios y conductas acordes a los preceptos de la Iglesia. La campaña contra la teología de la liberación, la guerra declarada a los anticonceptivos, la recomendación a los jueces civiles de oponerse a las demandas de divorcio, son manifestaciones de integrismo.

Lo es el castigo medieval de lapidación aplicado a la adúltera en algunos países. No hace muchos años, el marido engañado que mataba a la infiel no era castigado en España.

En todo tiempo, incluso en la Edad Media, no faltan ejemplos de mujeres que se tomaron la libertad por su mano. Conocidas unas, anónimas otras, fueron criticadas, en especial por sus iguales confortablemente asentadas en la situación.

Sorprendente que un credo, a mi modesto entender liberal, que en su origen da importante papel a la mujer, a través de Fátima, sea interpretado como discriminatorio.

No soy musulmana, ni por supuesto especialista en el Islam, pero en los versículos del Corán que se refieren al ejercicio de la autoridad marital, más veo intento de dulcificar costumbres domésticas arraigadas que el mandato de relegar a la mujer al rol de sierva del hombre. Que se prevea el divorcio con devolución de la dote es puerta abierta y no invitación a servidumbre perpetua.

La tendencia del fuerte, en especial si carece de luces para argumentar, a doblegar al débil por la razón de la fuerza, no es exclusiva del mundo islámico. Se manifiesta a todos los niveles. Desde la alta política al ámbito doméstico.

Agudo el sentido de propiedad, el hombre tiende a creerse dueño de la esposa o compañera. El sentimiento se manifiesta en una España no islámica. La persecución despiadada que padecen las que intentan o logran separarse ha convertido el crimen doméstico en costumbre.

Los predicadores, en tiempo de la dictadura del general Francisco Franco pregonaban desde el púlpito el derecho del marido a reprimir desobediencias o contestaciones airadas de la esposa con bofetada didáctica. Y a la mujer resignación, de ser maltratada sin causa, por su primer deber de dar satisfacción al marido.

Consejo que en determinados círculos se repite en voz baja en al actualidad, aunque en las bodas se haya dejado de leer la Epístola de San Pablo, que a título de lección preventiva puntualiza: «Sierva te doy, que no esclava».

Las mujeres islámicas, como en su momento las anglosajonas, obligarán a comprender a los poderes y hombres del Islam que aún no lo hayan entendido que a la igualdad en lo intelectual, sobradamente probada, ha de responder la de libertad, derechos y deberes. *

 

(*) Luisa Isabel Alvarez de Toledo, duquesa de Medina Sidonia, conocida como «la duquesa roja» por su oposición democrática a la dictadura del general Francisco Franco (1939-75), bajo la cual padeció prisión y exilio. Presidirá el Tercer Congreso de la Mujer Musulmana, el 2 y 3 de marzo en la española ciudad de Córdoba. (Servicio exclusivo de IPS para LA REPUBLICA)

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje