En La Teja hacen fila para poder comer
El Instituto Nacional de Alimentación (INDA) es el encargado de darle de comer a más de 1.700 personas de La Teja que todos los días –de lunes a viernes– tratan de estirar un poco más la esperanza de vivir.
«A los presos les dan mejor comida que a nosotros», dice Carlos, un cincuentón anarquista enojado que trataba de resguardarse de la llovizna que caía el viernes pasado sobre la cola de gente que desde hacía rato esperaba recibir la bandeja de alimentos que el INDA entrega.
Días pasados, algunos vecinos manifestaron su disconformidad respecto a la forma en que el INDA lleva adelante la entrega de alimentos en tan populoso barrio. Los cuestionamientos se originan en el escaso tamaño de la bandeja y, sobre todo, en el kilo de leche en polvo que se entrega mensualmente, el cual sustituyó al diario litro de leche. Además, otra de las situaciones que no se ha solucionado es que la comida se entrega de lunes a viernes, dejando de lado los fines de semana y feriados. A esto se sumaron algunas denuncias por comida en mal estado.
La cola de cuadra y media le da cabida a gran cantidad de ancianos, jóvenes, niños y adolescentes embarazadas, quienes se aprietan unos contra otros en pos de un lugar que les asegure una ración que los mantenga vivos. Imagen dolorosa de un país que ya no es el mismo que antes. «Si nos dieran trabajo, no nos empujarían a mendigar de esta forma», clama Ernesto, un desocupado de 29 años que desde hace dos meses está haciendo esa misma cola todos los días para comer. Explica que «desde que me despidieron del taller, no tengo más remedio. Tengo un hijo de seis meses y tratamos de que las changas que hace mi mujer como limpiadora al menos sirvan para que ella y el chico no pasen hambre. Mirá que yo soy un tipo comprometido, salí a levantar firmas por Antel. Pasa que como siempre nos están dejando afuera de la torta, siempre es igual. Somos los pobres los que seguimos pagando las macanas que se mandan otros, te lo digo por el Banco Comercial. Mi hermano hace más de un año que busca laburo y no encuentra nada y ahora me tocó a mí».
Respecto a las denuncias sobre la calidad de los alimentos, el director de INDA, Heber Reyes, explica: «Cuando aparece comida en mal estado, lo primero que se hace es llevar la muestra y la empresa cambia la bandeja. Puede haber algún caso en más de 1.700 bandejas que entregamos todos los días en ese local. No olvidemos que estamos en verano y eso complica las cosas».
El jerarca aseguró que próximamente se alquilará un local más grande donde funcionará un comedor, debido al aumento en el número de gente que va todos los días a almorzar. Reyes aclara además que no le llegó «ninguna denuncia sobre comida en mal estado». Por otro lado, dijo el jerarca: «Nos comprometimos a que a partir del mes de mayo atenderemos los sábados y para ello vamos a cambiar el sistema en todo el país. La comida de los más pobres es un asunto muy delicado. Es terrible ver a los gurises que la están pasando mal. Cuando comenzamos en La Teja, teníamos 200 comensales pero el número crece todos los días. Cuando apareció el problema del plomo en el barrio, lo primero que hicimos fue darle un litro de leche a todos los que fueran y empezamos a trabajar en conjunto con la Intendencia de Montevideo y el Ministerio de Salud Pública; eso duró cuatro meses. Cuando se nos terminó la licitación de leche fluida, pasamos a entregar leche en polvo».
Por su parte, la diputada Nora Castro (Encuentro Progresita- Frente Amplio), interesada en la problemática, dijo a LA REPUBLICA: «Han habido algunas irregularidades en la cantidad de bandejas entregadas; además la comida se entrega congelada y no siempre está en buen estado, ya que no siempre se entrega comida del día. Para los próximos días tendremos los análisis de Bromatología».
Por otro lado, comentó que se «entrega sopa sólo para cien personas y crema para cincuenta».
Noelia, una jovensísima madre, afirma con indignación: «Lo peor es que nos estamos deshumanizando, parecemos animales, peleando por la comida. Esto no pasaría si tuviéramos trabajo». Mientras habla, trata de conformar a su hija de pocos meses.
Carmen es una «tejana», como ella misma se define, y hace más de dos años que concurre a diario a recibir su comida. Sostiene: «Lo que nos dan no está mal, pero el asunto es que la gente que manda no nos respeta. No queremos mendigar, queremos trabajar y esto ya no se banca más. A mi marido lo echaron del trabajo después de casi veinte años. De un día para otro la ferretería cerró y ahora con 50 años se le terminó la vida. Dónde va a ir a trabajar, cómo se va a jubilar, se preguntó Carmen. Eso es lo más grave, nos han dejado patas para arriba. Ni te digo cuando los fines de semana no nos dan nada. Son días de duelo estomacal».
La Teja fue un enclave obrero del cual sólo quedan galpones cerrados y fábricas abandonadas, reflejo de aquella «Suiza de América» que ya es parte de la mitología uruguaya.
En tanto, el diario conglomerado humano víctima de un sistema que lo hizo a un lado, sigue ahí y crece día a día. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad