DOCE AÑOS DESPUES, TERESITA SEMPERENA SIGUE LUCHANDO PARA COBRAR LA MILLONARIA HERENCIA DE ANCHORENA

La quimera del oro

MANUEL TEJERA, MINAS

 

A

La ciudad de Minas es una comunidad relativamente pequeña. Por ello todo lo que suceda –aún la más simple historia doméstica– suele ser sobredimensionado.

Hace más de 12 años un episodio provocó singular conmoción: el lunes 27 de agosto de 1990, los medios de comunicación anunciaban al unísono que una minuana –Teresa Semperena– era la heredera de una inestimable fortuna cercana a los U$S100 millones, legada por el magnate hispano-argentino Juan de Anchorena Alvarez que se había suicidado el 3 de noviembre de 1975 en Buenos Aires. En estos días, nuevas revelaciones exhumaron esta historia casi novelesca, que ha sido informada profusamente por LA REPUBLICA.

Se comentó que la beneficiaria de la fortuna ya había cobrado parte de la herencia o estaría a punto de recibir dinero. La sociedad comenta y las especulaciones aumentan.

Según trascendió, el magnate había confiado parte de su cuantiosa fortuna, que está diseminada por varios países de América, a festaferros y amigos peronistas.

Para actualizar información, LA REPUBLICA dialogó con Omar René Gullén, un veterano y reconocido periodista minuano. El comunicador fue quien recibió una misteriosa llamada el lunes 27 de agosto de 1990, que revelaba diversos pormenores de la historia.

El colega recordó que mientras desarrollaba su actividad profesional, recibió una comunicación telefónica de larga distancia. Al atender, una mujer que se identificó como Sara Traverso de Alvarez y aseguró ser española reveló detalles de la cuantiosa herencia y la presunta beneficiaria, que aparentemente era minuana.

«Ella pasó de pobre a millonaria. Era la esposa de un millonario y heredó todo. Si la ubica, dígale que tiene sesenta días para reclamar y cobrar. Que se presente en la antigua casa de Caracas».

La persona proporcionó apenas pistas sobre la beneficiaria de la herencia, afirmando que había perdido una hija, usaba bastón y tenía problemas de salud.

Fortuna inestimable

De la documentación recibida por Teresa Semperena oportunamente, surge que el magnate le habría legado una cantidad en efectivo establecida en U$S13 millones 600 mil , a los cuales debe sumarse los intereses devengados durante este largo período y una no menos apetecible lista de bienes en América y Europa.

Entre ellos, se cuenta un edificio de 48 apartamentos situado en la zona de Carabobo, Caracas, otra propiedad de alto valor en el barrio Patria Grande, zona residencial asimilable a lo que sería Carrasco o Punta Gorda de Montevideo, una cantidad no precisada de joyas también de subido valor, y una colección de casi 50 obras de arte de calificados artistas, entre las que se cuenta una de Pablo Picasso y otra de Salvador Dalí. Son muchos los minuanos que insistentemente han reivindicado la procedencia del reclamo sucesorio de Teresita Semperena y la absoluta «veracidad» de esta historia.

En estos días, vuelto el tema al tapete, algunos se atreven a augurar una pronta dilucidación del complejo proceso.

Hay que recordar que Teresita, sacudida por los vaivenes del proceso, y agobiada por la asistencia económica que debió requerir para costear sus viajes al exterior, se encuentra –según ha podido saber LA REPUBLICA– en una situación particular muy difícil.

Este corresponsal trató de localizarla, aunque, por el momento, sin éxito.

Sin embargo, muchos minuanos aseguran que el epílogo de esta historia está cerca y todo tendrá un feliz desenlace.

Hijos, matrimonios y viajes

Cuando se conoció la noticia, toda la prensa acudió el lunes 27 de agosto hasta la casa de Teresita Semperena Rodríguez –nacida en la localidad de Tala en Canelones– que por entonces tenía 51 años.

La presunta millonaria sobrevive subarrendando habitaciones en una finca que ella misma alquilaba en la calle Intendente Lois, al número 428.

Aun cuando su apellido la relaciona con una extendida familia de nuestra ciudad, su presencia había pasado desapercibida desde que se había radicado en Minas. Por entonces, nadie imaginaba que podía heredar los cuantiosos bienes de quien había sido su segundo esposo.

Teresita Semperena se casó a los 16 años de edad con Ramón González, con quien tuvo 2 hijos. Carol y Daniel, cuyo nombre artístico era Daniel Galán, que era cantante y músico. La hija falleció a los 30 años.

Se divorció de González cuatro meses antes del nacimiento de hijo.

Sin embargo, a los 22 años– trabajando de peluquera en Montevideo– conoció a Juan de Anchorena, que tenía 49 años.

Según el testimonio de Teresita, como si se tratara de un cuento de hadas, 15 días después se casaron en México y partieron rumbo a París, donde permanecieron 45 días.

Ella recordaba que su esposo cerró unos negocios en la Ciudad Luz, vendiendo muchos diamantes y esmeraldas.

Luego, fueron a Canadá «a buscar la cura de mi hija Carol que padecía de diabetes».

El matrimonio adquirió una casa en Carrasco, que después Teresita debió vender para costear los gastos derivados de la enfermedad de su hija.

La hoy heredera vivió con su acaudalado esposo en varios países, particularmente en Venezuela.

El suicidio de Anchorena

Juan de Anchorena y Teresita Semperena permanecieron casados durante 12 años, residiendo alternadamente en Montevideo, Buenos Aires, Caracas y Madrid.

El 3 de noviembre de 1975, Anchorena se suicidó en su casa de Buenos Aires, de un tiro en la nuca. «Nunca pude saber si fue por negocios o por política, ya que él era peronista a muerte y muy militante», confesó por entonces Teresita.

Luego, Semperena padeció 3 infartos, por lo que debió permanecer durante un año y medio en reposo.

La heredera se trasladó posteriormente a Montevideo, para radicarse luego con su madre y una hermana en la ciudad de Minas.

Recordó que en la casa de Venezuela quedaron muchos diamantes y esmeraldas en la caja fuerte y algunas pinturas de Picasso y Dalí. Sólo «una cuñada, Sara, está interesada en que yo pueda cobrar. Fue la que me avisó en 1990 que se me terminaba el plazo para que yo reclamara la inmensa fortuna de mi esposo».

A todo esto, consciente de sus derechos, Semperena inició infructuosas gestiones, que concluyeron casi con una sensación de desánimo en 1978 o 1979, cuando debió abandonar la finca que había compartido en Venezuela con el magnate, vender su casa de Carrasco para pasar a vivir humildemente en la calle La Paz.

Allí, en la feria de Tristán Narvaja, se ganaba la vida vendiendo algunas antigüedades y piezas de valor que aún le quedaban.

Ya en Minas, fueron precisamente sus antiguos vecinos de la calle La Paz quienes le advirtieron que la esposa de un hermano de Anchorena procuraba dar con su paradero, ya que las autoridades venezolanas habían dispuesto la liberación de los bienes de su difunto esposo.

Si lograba cobrar la herencia, le esperaban un edificio de 48 apartamentos, una lujosa mansión en un barrio residencial caraqueño, en la que afirmaba haber residido y con la que espera reencontrarse. La finca estaba poblada de antigüedades y valiosas piezas pictóricas, además de una inestimable fortuna en alhajas, oro, diamantes, anillos y esmeraldas sin engarzar.

El legado que recibiría Semperena, comprende, además, más de U$S 13 millones proveniente de la posesión de acciones de pozos petrolíferos fiscales venezolanos, e incluso kuwaitíes.

Era apenas el comienzo de una larga historia, que en estos días parece reactivarse.

Viajes sin resultados

Aunque Teresita presumía que podía transformarse en una
rica heredera, carecía de recursos para financiar los viajes, las gestiones y trámites, que unieran su hasta entonces triste destino con aquella fabulosa fortuna.

Su desafío era hacer creíble la historia, para obtener la ayuda que le permitiera concretar su sueño.

Rumores, algunos con visos de certeza y otros no tanto, ganaron el siempre voraz corrillo comarcal, indicando nombres, cifras y plazos, con que algunos «mecenas» estaban dispuestos a estrechar la larga distancia económica que podría unir a Teresita con su millonario destino en Caracas.

Entre 1990 y 1992, también comenzaron a ser frecuentes los «almuerzos de negocios», donde supuestos o reales emisarios de entidades financieras llegaban hasta Minas, para ser partícipes del milagro.

¿Doble identidad?

Tal resonancia venía cobrando el asunto, y tan quebradas estaban ya las fronteras geográficas de lo que comenzó siendo una «pequeña historia minuana», que un buen día apareció un tal Gustavo García Alvarez, un joven de 31 años que se proclamaba hijo de Juan Antonio Alvarez García.

Para reforzar su hipótesis –no concordando la fecha de fallecimiento– Gustavo García Alvarez exhibió un aviso mortuorio en apariencia concluyente: «Juan Alberto Alvarez García (Q.E.P.D.) Falleció en la Paz del Señor, ayer 3 de junio de 1974. Su esposa: Teresita Semperena de Alvarez».

Seguía una extensa lista de familiares, en la que precisamente figuraba, como sobrino, Gustavo García Alvarez.

El obituario consignaba que el acto de sepelio se iba a efectuar en el cementerio del Paso del Molino.

Gustavo aseveraba concluyentemente que el mentado Anchorena y Alvarez, era en realidad Alvarez García y reclamaba –como hijo de María Emilia Alvarez García– que también tenía derecho a la herencia.

Conclusión: Anchorena y Alvarez eran la misma persona, a juicio de este autoproclamado sobrino, aunque las fechas de fallecimiento no eran las mismas.

El presunto familiar recordaba conocer a Teresita «como concubina de mi tío, con quien sostenía encuentros fugaces durante nueve años».

A todo esto y a fines de 1990, la Embajada de Venezuela en Montevideo, por intermedio del cónsul Wadir Baddour decía, en referencia al caso: «Acá no sabemos nada, lo que se sabe, lo publicaron los diarios uruguayos». Agregaban que «esta persona de apellido Semperena no ha iniciado trámite alguno de visa en esta embajada».

«Me quieren robar la herencia»

Tal revelación, realizada en 1991, crispó los nervios de la proclamada heredera, a quien Gustavo, entre otras cosas, acusaba de recurrir a una foto de su tío Alvarez García para decir que era el tal Anchorena.

«Están desesperados por agarrar mi herencia: me la quieren robar», exclamaba Teresita, dándole un curioso giro a la historia.

Su contraparte, el presunto sobrino, calificó la situación como «una extraña confusión de identidad: la heredera sostenía que en realidad Alvarez García era un empleado, un servidor de su difundo esposo.

La heredera se proclamaba también víctima de un chantaje, urdido en este caso por el propio Gustavo y sus hermanas, Dina y Emilia Alvarez.

Reconocía sólo el nombre Doriana Anchorena, una presunta hija natural del millonario, como aspirante a disputarle la jugosa fortuna.

En favor de su tesis de única heredera comenzaron a surgir nuevos testimonios.

Un buen día Teresita presentó en Minas a otra persona, de nombre Héctor de Armas, quien manifestaba haber conocido a Anchorena en 1972 en Caracas. Era originario también de Minas y decía compartir su afición por los caballos con el magnate.

Negocios como la venta de «yeguas madres» alimentaron abundantemente la historia, que se tornaba cada vez más compleja e intrincada.

A todo esto, Semperena se embarcaba en otros planes. Apareció en escena su hijo, nacido con anterioridad a la relación con Anchorena, cuyo nombre artístico era Daniel Galán.

Intrigas tenebrosas

En medio de tanta controversia, igualmente Teresita consiguió viajar en un par de oportunidades a Venezuela.

«Algo he recibido», afirmaba, justificando los dineros con los cuales se movía y que permitían visualizar una supuesta definición pronta del tema. Sin embargo, el paso de los meses no le permitiría afirmar tal certidumbre. En octubre de 1991, en plena Semana de Lavalleja, la heredera obtuvo algunos recursos con la instalación de un puesto en la esquina de Roosevelt y Domingo Pérez –plena Plaza Libertad–donde vendía algunas artesanía. Sin embargo, poco costaba identificar con las que suelen encontrarse en difundidas casas de Montevideo.

Como para contribuir al mayor entorno fantástico de la historia, recordamos la contribución que llegó de la mano de un ignoto cartomántico uruguayo, quien arriesgó alentadores pronósticos en torno al desenlace de esta auténtica novela real.

Sus predicciones anticipaban que el futuro de la heredera era muy venturoso, ya que, según afirmó, estaba en camino de acceder a una gran fortuna.

No obstante, el adivinador advirtió que Teresita Semperena aún debía salvar muchos obstáculos antes de reunirse con los millones de dólares, las propiedades y las valiosas joyas que en vida había pertenecido a su acaudalado esposo. Posteriomente Semperena abandonó –de acuerdo a lo que pudo saber LA REPUBLICA— su residencia de Minas, se la vio en Montevideo e incluso se llegó a afirmar que estaba en Canelones.

En los últimos días, se asegura que ha sido vista nuevamente en Minas. Esas mismas personas que declinaron identificar el lugar donde estaría Teresita, aseguran que la mujer proyectaría concretar nuevos viajes a Venezuela. *

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