Del amor
POR HORACIO BUSCAGLIA
Imaginate un bolero que dijera así: «Tu me acostumbraste a tu dopamina / Y tu me enseñaste la norefinefrina / Sutil llegaste a mí con tu feromon a/ Llenando de una-situación-emocional-que-distorsiona-la-realidad-por-efectos-bioquímicos-en-el-cerebro, a mi corazón».
¿Suena horrible, no?
Pero, ¿sabés una cosa?, el proceso del amor, según los científicos, tiene que ver con todos esos nombres estrambóticos que ves allí.
Es más, algunos llegan a decir que es una enfermedad. Muchos científicos lo comparan con los síntomas de lo que en psiquiatría se llama «desorden obsesivo compulsivo».
¿Cómo la ves?
En esta misma columna, hace muy poco, te conté cómo las mujeres nos eligen a partir de un olor genético que les recuerda el de su padre, tirando abajo toda la imagen de galán que vos puedas haberte construido.
Y estos despiadados científicos siguen con el asunto de que lo que más decide en el amor es la nariz. Ya que es ella la que primero capta la posibilidad de enamoramiento a partir de las feromonas que despide nuestro cuerpo. Estas muestran la disponibilidad para enamorarse, o mejor dicho, para tener relaciones sexuales. Las feromonas crean un quilombo bárbaro en unos neurotransmisores que producen algo similar a las anfetaminas.
El viejo dicho de que «el amor es una droga», tendría bases científicas. ¿Sabés a que se reduce el «Amor», así con mayúscula, según estos cosos? A altos niveles de dopamina, norefinefrina y bajos niveles de serotonina.
Y tras cartón aseguran que estos procesos químicos duran de 18 a 30 meses, después se empiezan a reducir. Digo yo, ¿los científicos, porque no se dedican a curar el cáncer y se dejan de joder con matarnos la ilusión de esta manera? Y nosotros seguimos emocionándonos, como unos giles, escuchando boleros. «Tanto tiempo disfrutamos la endorfina / nuestras serotoninas se acercaron, tanto así / que yo guardo tu catecolamina, como tú llevas también / mi feniletilamina.» *
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