EL MVOTMA APROBO PROYECTO CONTRA LA OPINION DE SUS PROPIOS TECNICOS

Una represa ahogará especies autóctonas únicas en el país

El director del Centro Latinoamericano de Ecología Social, Eduardo Gudynas, catalogó la situación como «el golpe ambiental más fuerte de los últimos años».

El grupo ambientalista Guayubira denunció semanas atrás en un comunicado que existían presiones políticas para aprobar el proyecto, a pesar que había sido evaluado negativamente por técnicos de diferentes ministerios.

El grupo ambientalista destacó su preocupación pues «las autoridades ministeriales promuevan una reconsideración de la evaluación técnica que pueda desembocar en autorizar un emprendimiento de alto costo ambiental e incierto costo económico».

Las autoridades del Mvotma dieron su aprobación al programa, reconociendo que los informes de la Unidad de Evaluación de Impacto Ambiental fueron negativos, según confirmó a LA REPUBLICA el director de dicha Unidad, Andrés Saizar.

El proyecto denominado Mandiyú (zona donde se construiría la represa) fue presentado por un inversor privado ante el Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (MGAP) en 1997, sufrió modificaciones y fue aprobado en 1999. Luego pasó a consideración de la Dinama.

En ambos organismos obtuvo informes negativos por parte de los técnicos que evaluaron el impacto de la obra.

Sin embargo, el proyecto continuó a consideración del Ministerio de Vivienda Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente.

Se trata de un obra con un embalse máximo de 540 hectáreas, un dique de 600 metros y una potencia de riego de 950 hectáreas, destinada al riego del futuro cultivo de arroz (también incluido dentro del proyecto).

El estudio de impacto ambiental presentado por la empresa señala que se instalará un monte natural de 72 hectáreas, como parte de las medidas de mitigación por la supresión del monte de galería afectado por el proyecto de riego.

El establecimiento Mandiyú se encuentra en la cuenca del litoral del Río Uruguay, en el departamento de Artigas, sobre ruta 3 a la altura del kilómetro 600 en el paraje de Colonia de Palma.

El proyecto incluye además la forestación con coníferas en un sector de 800 hectáreas destinadas a la producción de madera de aserrío de alta calidad, en áreas no arboladas y con suelos de prioridad forestal, según lo establece el estudio. Asimismo, se prevé el cultivo de arroz en casi mil hectáreas.

Diferentes grupos ambientalistas, entre ellos el Centro Latinoamericano de Ecología Social (Claes), Guayubira y la fundación Vida Silvestre, advirtieron el impacto negativo que podría ocasionar una obra de esta magnitud en una zona de flora y fauna autóctona.

La tala del bosque nativo tendrá como consecuencia la desaparición de árboles centenarios, como algarrobos y ñandubay.

Por otra parte el lugar alberga especies únicas de la fauna nativa, muchas de ellas en riesgo de extinción, como el murciélago negruzco, el zorro colorado, cardenilla (cardenal sin copete), el pato criollo.

Si bien el proyecto presenta medidas de mitigación del impacto, como la plantación de un bosque para contrarrestar la tala, los ambientalistas manifestaron que no son suficientes.

El grupo Guayubira destacó que la sola implantación de ejemplares del monte indígena –aun cuando se trate de las mismas especies– no garantiza la reconstrucción del ecosistema.

En este sentido indican que un monte indígena no se sustituye únicamente con la plantación de árboles, ya que implica otros aspectos, como la variedad de fauna y flora que se asocian a éste. *

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