Saldos y retazos
–Buenas tardes, ¿aquí es donde venden todo?
–Es verdad.
–¿Por qué lo hacen?
–Por defender los altos intereses de la patria y por agradar a los altos señores del Norte que nos cobran altos intereses por lo que nos prestan; y si lo hacemos muy bien, no tendremos que bajarnos los pantalones hasta los tobillos, hasta las rodillas va a alcanzar.
–Es decir que no lo hacen para resolver parte de los problemas de la gente.
–¿Cómo puede decir eso?
–Es fácil, conociendo el sonido de las letras y teniendo alguna experiencia en armar una frase más o menos coherente hasta lo puedo decir otra vez: es decir que no lo hacen para resolver parte de los problemas de la gente.
–No me refería a eso sino a otra cosa.
–Ese es el problema de ustedes: que siempre se están refiriendo a otra cosa.
–Por supuesto que también es para favorecer a la gente. Pero esa parte la vamos a hacer más tarde. Mañana. La semana que viene. Después de Turismo. En mayo quizás. Vamos a ver.
–¿Venden el sillón presidencial?
–Sí, pero le aconsejo desinfectarlo. Muchos de los que apoyaron el trasero allí se mandaron cada…
(Tose y no deja escuchar la última palabra.)
–… bárbara. Además de que algunos estuvieron al santo…
(Vuelve a toser.)
–Digamé, ¿no le interesa una torre?
–¿Blanca o negra?
–Colorada.
— Me puede servir.
–¿No le molesta que esté torcida y que no se le puede meter muchas cosas adentro?
–Conozco a un señor alto y barbudo que le puede servir para entrenamiento de sus seguidores.
–Mejor no. Los de allá se van a enojar.
–Y bueno, ya que estamos en saldos y retazos, ¿no le queda ninguna alma para vender?
–¡Qué pena! La última que nos quedaba, una reciclada que teníamos, se la acabamos de vender a un señor con pinta de banquero.
–Este asunto puede traer cola.
–Traía, y también cuernos y un tridente rojo. *
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