La vida por el rating
«En vivo y en directo. Hall central de Crónica TV. Se quiere suicidar porque su mujer lo abandonó. Temperatura 21 grados».
Este subtítulo estuvo en la pantalla de la televisión hasta que Víctor Hugo Castillo, de 31 años, se disparó un balazo en el rostro. En ese momento, sin perder un segundo, se sobreimprimió: «Se mató atrincherado en Crónica TV». Tenían pronto el «cartel» para ponerlo en el momento justo. Quizás el director demoró unos segundos la orden de sobreimpresión para permitir que el impacto del tiro y la sangre cumpliera su rol de acuerdo al «libreto». Porque no era la vida real (o la muerte, da lo mismo). Era lo que queda de ella cuando pasa a través de la televisión. A tal punto es así, que una de las locutoras se disculpó por el caos que sobrevino después del disparo.
«Estamos desbordados», dijo. La gente corría, lloraba, descontroladamente. «Improvisaban», se les salían del libreto. «Disculpen se nos coló un poco de vida (muerte) en la televisión y no la controlamos» quiso decir la locutora. «Vamos a comerciales». No puedo dejar de pensar en la cantidad de directores de marketing que se lamentaron por no ser su producto el que en ese momento apareciera en la pantalla.
Porque todo era televisión, menos la angustia y el desequilibrio de ese pobre hombre.
Todo era televisión, por eso el gerente de Crónica TV le negó la entrada a un grupo de especialistas de la policía que podían desarmar a Castillo, quitándole el suspenso, la primicia, el clímax del espectáculo al salvarle la vida.
Hay más para decir y no alcanza la columna. Pero ojo, a esta altura, muchos habrán criticado a Crónica haciendo hincapié en las características de ese canal. No se engañen. Crónica hizo televisión. Hizo lo que todos hacen. Sólo que esta vez la sangre salpicó la pantalla.
¿Qué hubiera pasado si desde el primer momento a Víctor Hugo Castillo se le hubiera dicho que no se lo iba a mostrar en la tele? *
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