PROHIBIDO PARA NOSTALGICOS

"Aquel fin de año"

LUIS GRENE

 

Hace tantos años que lo guardamos. Se cuida como un tesoro. Un viejo almanaque con la foto de Marlene Dietrich. Que si viviera hubiera cumplido 100 años. Aunque, seguro, no se le notaría. Por aquello de que los ángeles no tienen edad y menos si es un «ángel azul» con unos ojazos que te acalambran. Y de almanaques es la cosa ya que estamos en los días de quemar los antiguos y colgar los que lucen un grandote «2002». Capicúa y todos se frotan las manos esperando que traiga las buenas nuevas y el fin de esta malaria. Es que tanta mufa se tiene que acabar. Y justo por el «31», el Viejo Montevideo también desbordaba de vecinos que daban vuelta la hoja y tiraban buena onda. Todos juntos. Esos festejos «findeañeros» eran colectivos. Todo el barrio y la cuadra un solo «cuore». De tardecita, comenzaban a sonar los parlantes «de corneta», colgados de los árboles. No paraban hasta que el baile callejero se tupía de parejas. Pibas de negros rulos, galanes a la gomina y veteranos que, luego de la sidra casera, daban cátedra de milonga. Pero otros vecinos se prendían a las clásicas excursiones del «31». Alquilaban una «bañadera» y recibían el año por los cerros que empezaban a llamarse Piriápolis. Otras familias ¡a la Estación Central! y el tren carbonero no paraba hasta Minas. Bullangueros pasajeros y una costumbre que pegó fuerte. Piantarse para Fin de Año en alegres excursiones barriales. Y ese era el día de revisar los papelitos de la pila de rifas que nos vendieron. Desde el adobado lechón del boliche esquinero, el reloj para el chaleco del club o el corte de casimir inglés de aquel sastre judío que mes a mes golpeaba nuestra puerta. Y por fin de año, estaba la postal de la familia. Todos para Rondeau y Uruguay donde esperaba el maestro Silva. Espléndidas fotos, que se sumaban al álbum familiar que hoy hay que tener el pulso muy firme para hojearlo sin que te sacuda la emoción. Día de fin del año y los botijas que se hacían unos vintenes. Cazaban la chiva y a repartir cartas y paquetes.

Los comerciantes regalaban aquellos almanaques con forma de pantalla para abanicarse duro y parejo. Ya el baile callejero es un lindo alboroto. Explotan los petardos «revienta portones». Las mesas en la vereda y los vecinos codo a codo. Porque hay esperanzas de un tiempo más justo y solidario. Un fraternal abrazo a los compañeros de tareas y para los que comparten estos torbellinos de recuerdos. Los esperamos, sábados y domingos, a las 19, en 1410 AM LIBRE, con el auspicio del Departamento de cultura de la IMM. *

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