El Ejército decide con qué fuego se puede jugar en las fiestas
DANIEL MARTINEZ SOTO
El abaratamiento de estos productos, otrora básicamente caros, alcanza ribetes totales: salvo un caramelo, hoy no queda mucho que comprar por un peso. Excepto en pirotecnia china: por un peso hay hasta cuatro ofertas distintas de traques en el mercado.
En este ámbito de las variedades es posible detectar por estos días más de 120 productos diferentes, que van desde el petardo infantil a cajones con verdaderos «shows» de fuego, a costos tan elevados como la altura a que es capaz de llegar el espectáculo ígneo. Muchos de estos artículos chinos carecen de venta libre en los Estados Unidos. En Chile, directamente, fueron prohibidos por peligrosos. En Uruguay, el reclamo del Centro Nacional del Quemado, para que se prohíba la venta libre de artículos pirotécnicos, tan sólo encontró eco de publicación en LA REPUBLICA.
Al encender la mecha
En las tradicionales fiestas, el interés por la venta de estos productos aumentó en forma absolutamente desmesurada.
La Intendencia de Montevideo autorizó a 675 personas, la instalación de otros tantos puestos de venta de pirotecnia en los barrios: récord histórico en la materia. Es dable suponer además, la existencia de decenas de puestos sin habilitación municipal.
Ahora bien, cerrada la última fábrica nacional de pirotecnia, una industria de productos simples pero seguros que no pudieron competir con la invasión extranjera, cabría preguntarse qué seguridades poseemos los uruguayos en un tema que ha causado no pocas tragedias en la región y en el mundo.
Con afán de exactitud sin embargo, cabría citar que la industria nacional de la pirotecnia conserva un último bastión: el Ejército.
En efecto, la Brigada de Comunicaciones Número 1, a cargo del coronel Vanacore, fabrica, instala y quema fuegos artificiales, «para las unidades, institutos y reparticiones de las Fuerzas Armadas e instituciones públicas y privadas que lo soliciten». Así lo establece un documento militar de fecha setiembre de 2000, agregando que «los interesados pueden dirigir sus solicitudes directamente al Bn. Apoyo y Servicio Com. Nº 2, con el que celebrarán un contrato por el servicio».
De la venta masiva
Obviamente que no son fuegos artificiales militares los que nutren el mercado del menudeo. Pero como se verá, los uniformados juegan un rol absoluto en el tema de la seguridad en esta materia.
Cuando alguien desea comercializar artículos pirotécnicos, debe realizar trámites básicamente con tres entidades públicas: el Ejército, la Intendencia y los Bomberos, en ese orden.
A nivel comunal, la directora de la Unidad Gestión Comercial de la Intendencia de Montevideo, dijo a LA REPUBLICA que sus competencias refieren solamente a los puestos de venta. Amalia Minviele explicó que «la Intendencia se limita a dar permisos para vender en un punto específico de la ciudad. La única exigencia es que cuenten con un extintor de incendio».
Descartó de plano cualquier injerencia en la calidad o seguridad de lo que se vende, «en tanto no hay disposiciones al respecto».
A modo anecdótico apuntó finalmente que de las 675 personas autorizadas a vender artículos pirotécnicos en estas fiestas, «casi la totalidad tiene entre 18 y 21 años».
A nivel de Bomberos corresponde a la Dirección Nacional autorizar todo local para depósito de materiales peligrosos. Esto obviamente incluye la pólvora. Sin embargo, para el menudeo no se han solicitado autorizaciones, por lo que preocupa a los técnicos de Bomberos el que cualquier accidente o descuido pudiera generar siniestros, principalmente en donde los vendedores callejeros suelen guardar sus productos. Este almacenamiento, que ha originado verdaderas tragedias en países vecinos, tampoco es desconocido en la historia de la lucha contra el fuego en Uruguay. Pero los Bomberos tampoco tienen competencia en el control de calidad de la pirotecnia.
Converge así la responsabilidad, para establecer los parámetros de calidad y seguridad de estos productos, al Ejército, específicamente al Servicio de Material y Armamento, encargado de autorizar o prohibir tal o cual producto.
Durante tres días LA REPUBLICA contactó a las dependencias militares involucradas sin obtener respuesta. Como corolario, en el Servicio de Material y Armamento, su director, el coronel Diego Sader, invocó necesitar autorización superior para hablar. Advertido de que así se haría saber a los lectores, dijo: «Usted no está autorizado a utilizar mi nombre». Ante el cariz que las cosas tomaban, consultamos al despacho del comandante en jefe. El mayor Navarrini, asistente del comandante Daners, efectuó los contactos del caso, autorizándose una respuesta de la que se encargaría la Oficina de Relaciones Públicas del Ejército. La pregunta concreta fue, cuáles son los parámetros de seguridad que maneja el Ejército, para aprobar o no, el material pirotécnico de uso masivamente infantil. La respuesta final, para esta interrogante que no dudamos comparten todos nuestros lectores a la hora de comprar pirotecnia a sus hijos, consta de nueve líneas. La transcribimos textualmente:
«SERVICIO DE MATERIAL Y ARMAMENTO DIVISION PRODUCCION LABORATORIO
Montevideo, 28 de diciembre de 2001.
El Servicio de Material y Armamento realiza controles de calidad sobre todos los artículos pirotécnicos que ingresan al país. Estos controles se orientan además de aspectos físico-químicos al funcionamiento, el que debe ser seguro y previsible por ejemplo el tiempo de quemado de la mecha de encendido debe permitir al usuario tomar distancia.
De acuerdo al efecto producido y la magnitud del mismo los artículos se clasifican como venta libre o para espectáculos.
Se establecen las instrucciones de uso que deben poseer cada unidad de venta al público en Idioma Español.»
(El fax carece de firma. N. de la R.) *
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