La crisis afecta la conducta y escolaridad de los niños
En contrapartida, la investigación señala que un aumento en los ingresos, suele tener beneficiosas consecuencias sobre la situación.
«La caída de los ingresos y especialmente la pérdida de trabajo vuelve a los padres impacientes e irritables. Las relaciones padre-hijo pierden calidad, no hay tiempo para atender sus demandas y el rendimiento baja», señaló Eric Dearing, doctor en psicología e investigador en la Escuela de Educación de Harvard. Lo que se nota enseguida, dice, es que los alumnos empiezan a tener dificultades para conciliar el sueño, pierden concentración, atención y socialmente se vuelven más violentos.
Su estudio que toma como referencia una investigación realizada entre 1.300 chicos de 0 a 7 años señala además que un leve aumento en los ingresos de las familias menos pudientes, produce una gran diferencia en los resultados académicos de los chicos.
Según este relevamiento, en una familia pobre de cuatro miembros, un aumento de ingresos de 13.000 dólares en tres años hace que los chicos tengan un desempeño similar a aquellos que provienen de familias con un capital social dos o tres veces superior.
«Incluso un leve crecimiento económico anual produce mejoras muy significativas en los niños, sobre todo en los más chicos (de 3 años), en el reconocimiento de colores, letras».
Basándose en el estudio, el diario argentino La Nación desarrolló sus propias pesquisas sobre la incidencia de la crisis en el entorno familiar, que se publican en La Nación on line.
Pese a que en la Argentina no existen estudios de esta naturaleza, las últimas evaluaciones nacionales de educación revelan que el 49% del alumnado vive en situación de vulnerabilidad económica. Además, las últimas autoridades del Ministerio de Educación estimaron que el 66% de estos chicos tendría un mejor desempeño escolar si sus padres ganaran más dinero.
El informe destaca que la preocupación económica que viven los padres argentinos hoy y el desempleo que avanza en los hogares, repercuten en los chicos, que según directores y especialistas, tuvieron este fin de año un peor rendimiento y mayor indisciplina. A esto se suma el estrés o frustración de los propios docentes, factor que también gravitó en la desmotivación del aprendizaje.
«El desempeño de los alumnos fue más pobre este año. Los padres están preocupados, trabajan de sol a sol y se desinteresan cada vez más de los estudios de sus hijos. La escuela es una caja de resonancia de los hogares. Los chicos, en estos últimos meses, se mostraron más distantes y menos comprometidos con sus tareas», señaló Beatriz Bossi, directora de la escuela porteña Nº 5, en Rodríguez Peña y Córdoba.
Para Cristina Devoto, regente de la escuela técnica Nº 12, de Retiro, el rendimiento del alumnado también cayó. «Noto que los alumnos están cansados y les cuesta hacer abstracciones, concretar aprendizajes prácticos. Además, cuestionan la utilidad de los conocimientos aprendidos como herramienta para acceder a un empleo que saben que no existe hoy», comentó la regente.
Mayor violencia
«La realidad no tiene nada que ver con lo que aprenden», insistió. Pone como ejemplo la materia educación cívica, en la que los alumnos aprenden cómo funciona lógicamente el Congreso. «Pero luego ven por TV las disputas partidarias. La realidad los confunde; se aleja de las mismas pautas que la sociedad considera válidas», dijo.
Otro docente, que enseña inglés en una escuela privada pero prefirió no dar su nombre, expresó que los chicos llegaron a clase este último tiempo con explosiones de llanto y angustia ante pedidos concretos de sus docentes de comprar útiles y materiales.
Un estudio realizado por el consultor educativo Patricio Orozco entre 1.200 estudiantes de 10 a 13 años de 45 colegios privados, revela que los chicos se están más violentos indisciplinados.
La información consigna que las peleas familiares entre padres crecieron este año en comparación con el último año (de 76% al 83%); la agresión física también (del 11 % en el 2000, trepó al 17% este año). «Lo que más influye son los problemas de convivencia, aunque este año creció notablemente la variante económica», dijo Orozco.
Para Silvina Gvirtz, doctora en educación, el estrés de los padres hace que los alumnos se aíslen. «Lo ideal es generar un espacio en la escuela para hablar. Pero es vital conservar la estructura de la clase».
Según Juan Carlos Tedesco, director del Instituto Internacional de Planificación Educativa (IIPE), la pobreza hoy es sinónimo de exclusión social. «En los hogares carecientes existe una anomia tal que se vuelve muy difícil el aprendizaje», afirma. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad