Una segunda oportunidad
Los cuatro pacientes cardíacos que fueron trasplantados mantuvieron ayer una reunión con el Directorio del BPS y con el equipo médico que se encargó del seguimiento, antes y después de las exitosas operaciones que, según contaron, los reintegró a una vida normal.
Según Carlos Gasparri, presidente del BPS, el organismo es pionero en América Latina en la asistencia para la atención de malformaciones congénitas. Desde la década del 60 brinda un servicio centralizado para jóvenes de todo el país y atiende en total unos 350 mil niños que reciben asignación familiar ($ 133 cada uno). De ellos, un importante porcentaje tiene también derecho a la atención gratuita de salud, desde el momento de embarazo de la madre hasta los ocho años, período en el cual el banco los atiende gratuitamente.
El organismo previsional atiende además sin costo para los beneficiarios al 20% de los nacimientos que se producen en el país en el año y registra alrededor de 150 mil atenciones médicas anuales a niños del Sanatorio Canzani o del interior del país.
El Departamento Médico Quirúrgico (Demequi) dependiente del servicio de salud del BPS brinda un tratamiento integral al paciente pre y postrasplante.
Los trasplantes de corazón de estos cuatro chicos en el Instituto de Cardiología Infantil tuvo un costo de U$S 50 mil cada intervención a costo del BPS.
LA REPUBLICA conversó con el doctor profesor Pedro Duhagón, presidente del Instituto de Cardiología Infantil y jefe de Cardiología del BPS quien resaltó el trabajo que se realiza desde el Demequi, que funciona hoy en el ex sanatorio Pacheco de la calle Agraciada y Suárez, donde se atienden todas las congenituras en forma integral.
«El BPS es pionero en esto, resaltó, porque ya en la década del 60 se aprobó una ley que cubre todas las congenituras oculares, malformaciones externas con cirugía plástica, otorrinolaringológicas, neurológicas y cardiovasculares, pero las más riesgosas son las cardiopatías congénitas».
Duhagón mencionó que existe una lista de espera en el Banco de Organos y Tejidos pero hay menos donantes que gente que necesita someterse a trasplantes. «Por eso es importante la solidaridad de la población para dar vida más allá de su propia muerte», enfatizó el facultativo.
Hasta el momento se han realizado 33 trasplantes de corazón , tanto niños como adultos. «Sólo en noviembre pasado se hicieron siete», comentó Duhagón.
El profesional sostuvo que el Instituto de Cardiología de Uruguay cuenta con los equipos más sofisticados de la región.
Corazón nuevo, vida nueva
Juan Andrés Piazza tiene hoy 19 años y vive en Solymar. Recibió trasplante de corazón hace cuatro. Hoy terminó su bachillerato y asegura que el año próximo entrará en la Facultad de Ingeniería. Además practica natación y ha ganado medallas en Argentina y Budapest. Recuerda que hasta los 14 años no podía hacer prácticamente nada. «Hoy corro, ando en bicicleta y hago vida normal», dijo a LA REPUBLICA visiblemente satisfecho con su evolución.
Leonardo Correa tiene 18 años, es minuano y fue trasplantado en enero de este año. Trabaja, se casó hace poco y tiene una hermosa niña de tres meses, cuya foto, ubicada en un lugar de privilegio en su billetera, muestra con orgullo.
Está en tratamiento desde los 11 años cuando tuvo una arritmia grave.»He salido adelante y estoy muy contento. Antes no podía hacer nada». Hasta los 11 años fue un niño normal, inquieto, pero en ese momento se le diagnosticó una seria afección cardiovascular. «Allí comenzaron a prohibirme de todo y venía con una rebeldía brutal. Ahora corro, ando en bici y hago de todo». Inés Gene tiene hoy 13 años. Nació con una cardiopatía congénita muy severa. Durante su corta vida, hasta enero cuando recibió el trasplante, no podía comer con sal, ni salir los días de lluvia, ni correr.
Debió someterse a varios cateterismos y operaciones paliativas. Después que creció le hicieron una operación «correctiva». «Es una niña que con mucha alegría se ha enfrentado a su problema». «Pero ahora se está reintegrando a la vida normal», sostuvo uno de los médicos del BPS. Inés es de Carmelo, a pesar de todos estos avatares pasó al liceo, dice que ahora baila y tiene novio.
Lía Rodríguez es la más chiquita del grupo. Tiene cuatro años, su familia vive en el barrio capitalino de Manga y tenía una cardiopatía dilatada que le impidió llevar una vida normal hasta ahora.
Siempre fue propensa a adquirir infecciones respiratorias que motivaron múltiples internaciones. La trasplantaron hace dos meses y, según su padre, es otra niña. «Antes fue de mucho sufrimiento, cuidándola mucho, con infecciones respiratorias y ahora hace vida normal», cuenta Juan Rodríguez.
«Le detectaron la cardiopatía en el Pereira Rossell y enseguida hice los contactos en el BPS que a partir de ahí siempre la sacaron adelante. Estamos chochos, porque ella ahora está disfrutando y vive en el agua. Antes no podíamos dejarla más de media hora en una piscina por miedo a que se complicara su estado de salud». «Hasta el hermano está mejor porque toda la familia sufrió mucho».
A los cuatro la vida les da una segunda oportunidad. *
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