Cosas nuestras
Qué esto, qué lo otro, qué lo de más allá y lo de más acá.
Que parece ser que Doyenard se cree que él es algo que nadie sabe qué es, ¿quién se cree que es?, y en un exceso de sentido democrático y tolerancia hacia la diversidad dijo que Fasano «no puede expresar sus opiniones políticas, ideológicas, el día que quiera y en el momento que quiera…».
Se ve que Doyenard confundió a Fasano con un funcionario suyo recientemente contratado o con un conductor de un programa de su canal y pensó que podía exigirle pensar como él piensa. (Cuando piensa)
Tan confundido estaba que se olvidó de sus declaraciones públicas apoyando al Partido Colorado cuando el balotaje y aseguró que no pertenece a ningún partido político y que le «ofrecieron el cargo por esa condición». (¿Alguien conoce a alguien que no pertenezca a ningún partido político y que por esa razón le den un alto cargo y le permitan decir en voz alta cualquier guasada?).
Lo cierto es que el señor dueñodelaverdad Doyenard, cometió unos de los actos de censura más notorios de la historia del Uruguay, incluyendo la época de la dictadura, y más allá de algunas declaraciones, aquí no ha pasado nada.
La hipocresía sigue siendo la característica principal de nuestra sociedad, nos guste o no.
Y hablando de eso, pienso en nuestro Presidente que ahora dice que la política económica de Argentina tiene que cambiar cuando recibió la llegada de Cavallo con aplausos y felicitaciones de la mesa.
Y si seremos grandes los uruguayos que nos damos el lujo de «obsequiar» (SIC) nuestra bandera para que empresas privadas exploten los dos satélites que nos corresponden.
Y, por lo que parece, si nadie hubiera preguntado nada no hubiéramos recibido ni siquiera una calcomanía del espacio para pegar en los coches de Antel. Claro que, aunque ahora se preguntó, igual no sacamos mucha ventaja que digamos.
¡Vamo’ arriba Uruguay! *
Compartí tu opinión con toda la comunidad