El padre de niños afectados por plomo fue detenido 48 horas
El esposo de la mujer que fue amenazada por denunciar la contaminación por plomo que afecta a un centenar de menores de barrio Mullins, en Canelones, fue detenido por efectivos policiales de la Jefatura de ese departamento. Según el matrimonio, Filipovich fue intimado a retractarse de lo manifestado o de lo contrario «sería acusado de autoatentado».
Horas después que Sara Perdomo, madre de dos niños afectados por el metal, narró a LA REPUBLICA que sufrió un segundo atentado –esta vez la casa de madera donde frecuentemente jugaba Jesica, su hija de 8 años, fue incendiada– y que recibió un anónimo dejado en el parabrisas del automóvil del matrimonio con la inscripción «Basta: ahora siguen tus hijos», su marido fue detenido.
Próximo a las 18 horas del martes, efectivos policiales concurrieron a la casa del matrimonio, ubicada en Cigliutti 256, para detener a Filipovich, quien, en calidad de indagado, debió declarar por espacio de casi 8 horas en el Departamento de Investigaciones de la sede policial.
Fuentes policiales informaron a LA REPUBLICA que la indagatoria fue dispuesta por la magistrada Gabriela Merialdo, encargada de dilucidar el caso.
El hecho ameritó la presencia de los diputados canarios por el Encuentro Progresista-Frente Amplio, Luis Gallo y Ramón Legnani.
Perdomo dijo a LA REPUBLICA que durante el interrogatorio su marido fue intimado a que «se retractara de las denuncias o, de lo contrario, sería acusado de complicidad en los atentados».
«Se le dijo que retirara la denuncia o que me acusara a mí de los atentados. Obviamente, mi marido se negó a tal exigencia», señaló Sara Perdomo.
«Todavía es muy reciente lo que nos tocó vivir y no sabemos qué vamos a hacer. De lo que sí estamos seguros es de que continuaremos adelante con la denuncia, hasta saber quién o quiénes están detrás de todo esto. Nosotros le recriminamos a la Policía que las investigaciones van muy despacio», señaló la mujer.
«Concurrimos en calidad de legisladores para interiorizarnos de la situación de la familia», señaló el diputado asambleísta Luis Gallo a LA REPUBLICA.
«Hubo una indagatoria en función de que la jueza estaba evaluando la posibilidad de un autoatentado. Fue interrogado Filipovich y hubo una indagación a vecinos de la zona. Las autoridades policiales nos informaron que se trataba de un indagatoria y no de una detención», señaló el legislador.
Los hechos
Sara Perdomo fue la primera persona en denunciar públicamente la contaminación por plomo que afecta a un centenar de menores de barrio Mullins, también conocido como barrio Alur, responsabilizando de la situación a la empresa homónima, dedicada a la fabricación de alambres y conductores eléctricos, que funciona en el predio aledaño a su vivenda.
La empresa, que funciona desde hace 50 años y posee unos 90 operarios, fue inspeccionada por la Dirección Nacional de Medio Ambiente, que procedió a la clausura de la sección de galvanizados, tras detectarse violaciones a la normativa ambiental.
Filipovich, empleado de la empresa durante 17 años, actualmente se encuentra en el seguro de desempleo, tras la clausura de esa sección.
En el predio donde reside el matrimonio se detectó 7.340 microgramos de plomo por quilogramo de tierra, debido a que fue rellenado con escoria del metal procedente de Alur. El límite admitido por organismos internacionales es de 700 mcs./kg. de tierra para predios industriales y 140 para predios no industriales.
Según lo denunciado por el matrimonio a LA REPUBLICA, el pasado 4 de diciembre, próximo a las 18 horas, Sonia Perdomo recibió dos llamadas telefónicas. Una voz masculina, que no se identificó, le dijo que «se dejara de joder con el plomo, que cuidara más a sus hijos porque la calle estaba brava y había muchos accidentes».
Tres horas más tarde, el taller de su marido –lindero a Alur SA– sufrió un atentado incendiario perpetrado por desconocidos.
La segunda amenaza y atentado se registró el sábado pasado de madrugada, según la versión de los denunciantes, cuando alguien dejó una esquela en el parabrisas de su automóvil. El mismo día, en horas del mediodía, la casa de madera donde Jesica solía jugar con sus amigas fue incendiada. *
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