LA COLUMNA AMARILLA

Gin-gal-bel, Gin-gal-bel

POR HORACIO BUSCAGLIA

 

Se acercan las fiestas y todo el mundo corre, no se sabe bien por qué. Pero corren. Y el tránsito es un verdadero despelote con autos que paran en doble fila en cualquier lugar y en cualquier momento y el señalero bien gracias. Y cada vez más conductores hablando solos mientras manejan, algunos hasta gesticulan, y cada vez hay más conductoras que hablan por su celular sin importarle que su auto se le vaya para el medio de la calle por su distracción. Y si vas caminando por la vereda ni te cuento, la posibilidad de perder un ojo con un objeto punzante bellamente empaquetado con papel para regalo son iguales a las de recibir un golpe en los riñones con la punta de una enorme caja que encierra un pequeño juguete «robótico» made-in-korea.

Se acercan las fiestas.

Y ya estoy harto. ¡Haaartooo!

¿Por qué corremos? ¿Por qué no nos paramos un momento a hacernos esta pregunta?

¿Sabés por qué? Porque se acercan las fiestas y hay que correr y chau.

Ahora si, ya te lo adelanto. Después no te quejes. Que la zapán, que el hígado, que yo así no voy a la playa, si no me entra ni la malla entera que me voy a estar poniendo la tanga, ¿para qué habré ido a todas las despedidas del año que me invitaron? ¿Para qué?.

Y el mes que viene, ¡agarrate!, te llegan las facturas de las tarjetas y ¡socorro!

Pero bueno, uno no se va a poner a pensar en todo esto porque sino te quedarías encerrado en tu casa. Te meterías en la cama y hasta el 2 de enero no salís ni para ir al baño.

Pero salís. Te movés. Vas para aquí y vas para allá.

Porque se acercan las fiestas y hay que correr.

¿Hacia dónde?

Hacia allá, para donde corren todos. *

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