PERDER EL INGRESO NO ES EL UNICO PROBLEMA QUE TIENE EL DESOCUPADO

Fragmentación social

La jornada de debate que se llevó a cabo ayer durante todo el día en la Facultad de Psicología presentó las conclusiones de un proyecto de investigación realizado por un equipo coordinado por la doctora Ana María Araújo y que indagó sobre sobre las consecuencias psicosociales del desempleo y la exclusión.

En ese marco, se debatieron los resultados del trabajo con diversos investigadores y académicos de distintas áreas y con grupos de trabajadores buscando enriquecer las investigaciones sobre el tema.

Para el decano de Psicología, Víctor Giorgi, la facultad busca con este trabajo incorporar en los estudios y temática de empleo y desempleo, cómo repercute en la forma de sentir, de pensar, de actuar de las personas, cómo impacta en su forma de vida, su futuro y cómo se trasmite a la segunda generación a través de los hijos por los modelos de identificación, de comportamiento que ven en sus padres y otros mayores.

Giorgi planteó atender a los desocupados en la propia facultad o en locales sindicales pero para ello, hay que buscar la financiación del proyecto.

Giorgi manifestó que dada la altísima cantidad de personas que en la sociedad uruguaya viven en esta situación debería generarse a nivel público, en forma gratuita o de organizaciones sociales, espacios donde pueda efectuarse un apoyo o un acompañamiento psicológico.

«Con esto no estamos planteando de ninguna manera que el desempleo se resuelva con la psicología pero sin duda podemos atenuar, canalizar y evitar, la generación de daños.

Para ello la facultad tiene un proyecto de apertura en coordinación con los espacios sindicales para poder escuchar y trabajar con las familias y trabajadores. Pensamos que esto tiene que ser financiado por algún lado que no puede ser el propio desempleado.

A su juicio, a nivel de la Universidad, de los sindicatos y de los propios ministerios deberían estructurase respuestas.

«En este contexto de un Estado debilitado, que deja su lugar a la libre competencia, se ve la desaparición del trabajo en el plano personal, como un corte del ciclo vital, una amenaza fuerte sobre todos los niveles de inserción de la persona en el núcleo familiar.

La definición de trabajadores sin trabajo, fue utilizada durante toda la jornada para analizar cómo impacta esta problemática en el proyecto de vida de la gente, cómo se traslada a la segunda generación como modelos identificatorios de una forma de ser.

«El desempleo genera paralización, crisis de autoestima, desvalorización, emergencia de comportamientos, patalogías como adiciones, conductas violentas y depresión, y esto incrementa las condiciones de vulnerabilidad, disminuye las posibilidades de competencia de la persona, y genera una fuerte competencia entre los propios trabajadores donde el desempleado pasa a ser una amenaza para aquel que tiene el privilegio de tener trabajo», dijo Giorgi.

Olesker: fragmentación social

Para Olesker en nuestro país existe un desempleo estructural, su tendencia es creciente, tiene un fuerte componente en la población adulta y las causas son el modelo capitalista, dependiente y aperturista de la década del 90.

El economista insistió en que existe una fragmentación social. A su juicio sí han habido políticas sociales para los excluidos en el país a partir de la década del 90 «pero que tienden a que permanezcan dentro de sus círculos». «El tema es que intentan consolidar la fragmentación social, dirigir y focalizar las políticas de manera de que este sector que está excluido porque tiene trabajo precario, no tiene o tiene salario muy bajo, se vaya concentrando en un espacio urbano geográfico separado del resto de la sociedad. Entonces va a la escuela en su barrio, allí tiene la policlínica, además se le construyen viviendas que lo obligan a quedarse allí y le generan mecanismos para que consuman en esas zonas. «Lo único que falta es que alambren», comentó el Olesker.

Se refirió también a la precariedad del trabajo que a su juicio es «un desempleo encubierto», ya que no satisface las necesidades económicas, sociales y laborales de las personas.

«Es un problema que no tiene asociación en su gestación con la crisis que hoy vivimos. No podemos mirar el desempleo como un problema de esta recesión de los últimos tres años.

Es obvio que las crisis agravan los problemas de desempleo y precariedad. En el momento de mayor auge del modelo de crecimiento económico de los 90 había 150 mil desempleados y hoy hay 225 mil».

A su entender, el problema central es el desempleo estructural, que existe con independencia de que la economía crezca. Yo he hecho un trabajo que ha sido publicado que dice que los desempleados de la década del 70 era unos 70 mil, en la década del 80 pasaron a ser 95 mil, durante los 90 anduvo en 140 mil, después de la crisis del 95 subió a 150 mil y yo estimo que en los próximos tres años rondará los 170 mil de promedio si esta tasa hoy muy alta bajara al entorno de un 12%.

«Lo que queda claro es que no sólo hay un desempleo estructural sino que su tendencia es creciente. Cada vez que viene una recesión y destruye puestos de trabajo, lo que se construye posteriormente no alcanza ni siquiera para todos los que quedaron fuera en la crisis.

Pasa lo mismo con la precariedad y con el salario».

«Esta es la tendencia», comentó el economista Olesker. *

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