SEMINARIO ANALIZA HOY LAS REPERCUSIONES PSICOSOCIALES ANTE LA PERDIDA DE EMPLEO

Despedidos del trabajo y de la sociedad

Mirá que yo no me voy a suicidar ¿eh?»

«Tengo miedo por mi hija».

«Tengo una desolación adentro».

«Me siento marginada, desintegrada».

«Estoy afuera de todo, no te llaman para nada».

«Estoy viviendo en el ostracismo».

«Si esto no funciona me mato».

«Hay que estar muy loco para no ahorcarse».

«Estoy viviendo de prestado».

Estas frases de hombres y mujeres comunes, uruguayos todos de entre 40 y 55 años de edad, forman parte del trabajo realizado por la Facultad de Psicología y el Equipo de Investigación que encabezó la doctora Ana María Araújo sobre trabajo y desempleo, repercusiones sociales en nuestra sociedad.

Araújo explicó a LA REPUBLICA que la investigación pretendió analizar el shock que significa para el individuo y su familia el saberse desempleado y analiza el problema desde cuatro dimensiones: socioeconómica, psicológica, somática y simbólica.

En el Uruguay actual una persona que pierde su trabajo demora unos ocho meses en reinsertarse en el mercado laboral, situación que afecta al 16% de la población económicamente activa, según las estadísticas oficiales. El trabajo identificó –en primer lugar– las consecuencias socioeconómicas que implica quedarse sin trabajo, con la consecuente pérdida de la calidad de vida y la necesidad de desprenderse de servicios como TV cable. Otro de los traumas más frecuentes es la imposibilidad de seguir pagando la mutualista y atrasarse en las cuentas de teléfono y luz.

Esto lleva a su vez, a que la persona sufra una «herida narcisista» al sentirse y vivir excluida.

En los ocho meses de búsqueda de empleo se entra también, explicó Araújo, en una especie de montaña rusa, donde se pasa de una etapa de trauma a un optimismo que desde un punto de vista psicológico puede entenderse como de negación, que no deja ver lo que realmente pasa. Con el transcurso de los días se ingresa en un estado de pesimismo, para alcanzar un último estadio que es cuando los trabajadores sin trabajo desisten de buscar empleo, sufren un desánimo que les impide hasta levantarse para encarar el día y, en casos extremos, se piensa en el suicidio. En esta última etapa llegaron a estar obreros de Gaseba luego de un conflicto con la empresa que envió a varios empleados al seguro de paro.

De los once mil uruguayos inscriptos el año pasado para realizar los cursos que brinda la Junta Nacional de Empleo a los desocupados se supo de tres casos de personas que se quitaron la vida.

Un dato interesante sobre la conducta de las personas que habiendo perdido su trabajo luego de un año encuentran ocupación, es que en el nuevo empleo se muestran sumisas y con miedo a una nueva derrota, de acuerdo con estudios de la Organización Internacional del Trabajo.

El informe de la Facultad de Psicología analiza también la dimensión «psicológica» de quienes pierden su trabajo. Aquí, las consecuencias son caer en estados de depresión, baja de la autoestima, angustia, culpa, vergüenza ante sí, ante los hijos y la sociedad y se generan problemas familiares por la irritabilidad del afectado e incluso se llega a situaciones de violencia doméstica.

Otra consecuencia que se sufre luego de algunos meses de desempleo es la pérdida de deseo sexual, viviéndose experiencias de desgano e impotencia.

En Uruguay, el 16% de la población económicamente activa está desempleado, a lo que hay que sumarle otro 29% de individuos que subsisten realizando trabajos precarios o que están subempleados. Esto hace que en nuestro país el 45% de la población en edad de trabajar tenga problemas laborales, lo que explica, en parte, que uno de cada tres montevideanos sufra «momentos de depresión».

La afectación «somática» lleva a los desempleados a ingerir alcohol en exceso, que las personas se vuelvan abúlicas y que ingresen en el consumo de drogas, como vías de escape. Por otro lado, se tornan más agresivas tanto con ellas mismas como con los otros.

La investigadora social Ana María Araújo explicó a LA REPUBLICA ,que los desempleados son los nuevos excluidos sociales y los nuevos desaparecidos, porque estas personas sufren de aislamiento, vulnerabilidad y desapego.

El problema también genera conductas basadas en lo simbólico definido por las normas y los valores comunes internalizados, por una parte y por las representaciones colectivas que definen los lugares sociales por otra. Es decir, la importancia de cómo me veo yo y cómo los demás me ven.

Aquí se presentan ejemplos de ejecutivos que al perder su trabajo, quedan desubicados al verse sin su tarjeta de identificación personal.

De la investigación surgió también el caso de una mujer de clase alta que al verse imposibilitada de viajar a Europa, como lo hacía todos los años, decidió encerrarse durante 15 días para mantener su imagen ante la sociedad que al no verla pensaría que estaba en el exterior y no descubriría su mal momento económico.

«La caída del Estado benefactor a nivel mundial y muy particularmente en la sociedad uruguaya implica que los nuevos excluidos sociales se encuentren desunidos frente a la realidad imperante», de acuerdo con el proyecto de investigación al que accedió LA REPUBLICA .

«Hoy ese Estado benefactor va desapareciendo de la escena social y el individuo se encuentra sometido a sus propias fuerzas». «La privatización de la salud, de las pasividades y de la enseñanza van pautando una nueva sociedad donde el que es «capaz» de subsistir subsiste, y el otro está sujeto a su propia suerte. La solidaridad se diluye en el imperio del vale todo en aras de subsistir, en la lucha por los lugares».

Se generan así miedos en los que tienen trabajo por la posibilidad de perderlo, comienzan competencias estresantes, incertidumbres y tensiones, que exige un «yo» fuerte para sostener al individuo.

Esta situación de tensión y estrés lleva a estados de fragilidad y a lo que se conoce como Burn Out, quemados por el trabajo.

La finalidad de este proyecto, financiado por la Comisión Sectorial de Investigación Científica de la Universidad, es crear un servicio interdisciplinario de atención al desocupado que permita colectivizar el aislamiento, y la culpa que genera perder el empleo.

Araújo comentó que esto no es una solución pero sí una ayuda para comenzar a romper el aislamiento.

Seminario

La investigación de la Facultad de Psicología será presentada hoy en un seminario a realizarse en la Sala de Ateneos de esa casa de estudios (Mercedes 1737), entre las 9 y las 21 horas.

En la apertura disertarán, Víctor Giorgi, decano de la Facultad de Psicología, el economista Daniel Olesker del PIT-CNT, Ernesto Rotondaro, y Ana María Araújo.

La conferencia de apertura estará a cargo de Marie Louise Pellegrinrescia de la Universidad de Lyon.

La mesa de «Trabajo-no trabajo-Desempleo» la conformarán Naum Minsburg de Buenos Aires, Oscar Andrade del gremio de la construcción, Juan Rasso de la Facultad de Derecho, Carolina Moll y el senador Alberto Couriel.

En horas de la tarde sobre «desempleo: fragilidad social y rupturas», disertarán Fernando Tomassina de la Facultad de Medicina, Gonzalo Fuentes y Mabela Ruiz de la Facultad de Psicología y Marcos Supervielle de la Facultad de Ciencias Sociales.

El último coloquio será acerca de las alternativas posibles y participación social. Los disertantes serán José Balbo de la Junta Nacional de Empleo, Raúl Arévalo del gremio de trabajadores de Cutcsa, Luis Puig del PIT-CNT, Gonzalo Gaggero, presidente de la Federación Rural, aunque su participación estaba en duda a último momento, y Silvia Bianchi de la Universidad
Nacional de Rosario.

La conferencia de cierre corresponderá a Vicent De Gaulejac de la Universidad de París. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje