Sobre algunas expresiones ambiguas
«La eficiente gestión del actual Directorio permitió superar una situación comprometida y terminar con los últimos balances superavitarios.»
La información se refiere al Banco La Caja Obrera, pero hay que ser muy ducho para no quedar pistoneando al leer este mensaje esencialmente contradictorio. Me dije, caramba, ¿cómo es posible que se hable de eficiencia y de superar una situación comprometida si los balances ya no son superavitarios?
Porque normalmente, cuando oímos decir que alguien terminó con algo, debemos entender que lo liquidó: La Policía terminó con la mafia del contrabando; El uso del condón puede terminar con el sida; Tenemos que terminar con la impunidad; Hay que terminar con la violencia en el fútbol.
Terminar con implica destruir, eliminar, derrotar un mal, desterrar una plaga.
Pero ocurre que la expresión terminar con se vuelve polisémica (andá llevando) es decir, con más de un significado posible. Si digo Me puse a arrancar yuyos y terminé con las manos ampolladas, a nadie puede ocurrírsele que eliminé las manos ampolladas, sino que cualquiera entiende que me refiero a cómo me quedaron las manos después de la tarea. En cambio, si digo Esta pomada termina definitivamente con las manos ampolladas, obviamente quiero decir que merced a este medicamento ya no tengo más las manos ampolladas.
En el caso de los interventores del banco, el enunciado puede significar que terminaron su gestión exhibiendo balances superavitarios o que ya no hay más balances superavitarios.
¿Cómo hacer para evitar estas confusiones? Normalmente hay que recurrir a rodeos y, para desterrar malentendidos, sugiero la siguiente construcción: La eficiente gestión del actual Directorio permitió superar una situación comprometida, logrando que los últimos balances fueran superavitarios. ¿Está de acuerdo, Pereira?
–Totalmente. Yo siempre dije que hay que terminar con esa polisemia perniciosa.
–¡Qué lo parió! *
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