Diálogo radicalizadísimo
–Buenos días. Vengo a sacar el carné de radical.
–¿Por qué «buenos»? Para mí y muchos más, los días pueden ser malos y hasta espantosos. Además, ¿usted se puso a pensar seriamente si sus días son buenos?
–La verdad que no. Simplemente lo dije como una fórmula de urbanidad aceptada por la costumbre.
–Ve, ve. Uno empieza por aceptar estas cosas y luego termina aceptando todo.
— Sí, puede ser. Quizás usted tenga razón.
–Bueno tampoco tiene que estar aceptando, así como así, lo primero que uno le dice. ¿Usted no tiene personalidad, no tiene principios?
–¡Pa! La verdad que no me imaginé que fuera tan difícil conseguir este carné.
–¿Qué antecedentes tiene para merecer el carné?
–Yo propongo tomar el Palacio de Invierno.
–Pero aquí no hay ningún Palacio de Invierno.
–Le podemos decir a Ott que construya uno y después lo tomamos.
–Pero, vio como son las cosas en este país, ¿Qué hacemos durante los años que va a demorar su construcción?
–Huelgas generales de 15 días, sorpresivas.
–¿Huelgas generales? Es decir que van a ser más de una.
–Claro, podríamos hacer una todos los primeros viernes de mes.
–Entonces no serían sorpresivas.
–Algunos meses cambiaríamos de día teniendo en cuenta los feriados y los fines de semana largos.
–¿Usted en qué porcentaje quiere ser radical? Tenemos carnés para radicales de la boca para afuera, del esófago hasta la punta de la lengua y hasta radicales de la próstata hacia adentro.
–¿Tengo que ser radical todos los días o puedo elegir uno o dos días por semana?
–Puede, es lo que más se usa, pero desde ya le digo que los jueves está tomado. Además es el día de cambios. Es el día de pasar de un lado a otro. Los viernes no tanto, ahora se usa bastante los domingos.
–¿Cansa mucho ser radical, no?
–La verdad que sí.
–Entonces lo voy a pensar. Nos vemos.
–Malos días. *
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