XI Cumbre Iberoamericana

La reunión de los presidentes clonados

VICKY PELAEZ (*)

 

Revisando la Declaración de Lima, el documento básico de la XI Cumbre Iberoamericana podemos darnos cuenta que el enfoque principal fue el tema del terrorismo, como si esto fuera lo más preocupante de América Latina. Se sabe que la pobreza es la piedra angular para la situación del continente, pero ellos, apenas la tocaron diciendo que se comprometen » combatirla, promoviendo empleos productivos con remuneraciones dignas, así como el acceso a la educación gratuita, servicios públicos de salud y vivienda». Resaltaron la importancia del sector empresarial para la creación de los empleos, etc, etc, como si todos esos presidentes reunidos allí, no hubieran llegado al poder prometiendo todo eso a sus electores, la única diferencia es que ahora lo hicieron al unísono, con la misma voz de la globalización.

Todos hablaron del terrorismo, como si los ataques a las Torres Gemelas y el Pentágono el pasado 11 de setiembre hubiera sido a sus territorios. Cuando a cada país de los reunidos, le tocó vivir algo parecido –aunque allí no fue terrorismo sino subversión interna, algo totalmente diferente a lo sucedido en EEUU– nadie se reunió para resolver sus situaciones, es más, en el caso de la Guerra de las Malvinas, Argentina fue abandonada a su suerte y Ronald Reagan se alió con su enemigo: Inglaterra. Eso es historia reciente, pero había que contentar al Gran Patrón que amenaza al planeta entero diciendo que «aquel que no está conmigo está en contra y pagará por ello».

Como siempre Fidel Castro fue el centro de la atención. Simplemente no asistió por primera vez desde que se creó la Cumbre. Primero, para qué. Segundo, quien le garantizaba a él que la pérdida de 100 kilos de dinamita en el puerto del Callao, Lima, dos noches antes de la Cumbre, no estaba dirigida para otro ataque más contra su persona, pues al Perú llegaron para la ocasión, la crema y nata de los cubano-americanos. Podía haber sucedido lo que en Panamá, cuando a denuncia de Cuba, la policía panameña se vio forzada a detener a un individuo que planeaba atentar contra Fidel. No, Castro no tenía nada que hacer en Lima esta vez, el camino cubano, no es el de agradar a Estados Unidos sino definir alternativas para su propio desarrollo, pero los otros presidentes Iberoamericanos sólo giran alrededor de la economía de Estados Unidos.

Por mucho que discutan en sus retóricas, esos presidentes y sus asesores, que han estudiado en este país, saben perfectamente que el actual Sistema Económico Mundial está diseñado de tal forma, que la brecha entre los países pobres y ricos irá aumentando y aumentado hasta un punto explosivo, eso no lo dice esta columnista, sino John Maynard Keynes quien hace 60 años diseñó este mismo sistema, pero su ideal no era crear este monstruo poderoso, sino «formar un sistema a base de la libertad del comercio hacia el camino de una igualdad y justicia económica», especialmente para no permitir esta extrema pobreza a la que han llegado la mayoría de los pueblos del mundo.

En el diseño de Keynes, el Banco Mundial, el FMI y las organizaciones del Comercio Mundial tenían necesariamente que igualar y reducir los aranceles, proteger los derechos de los trabajadores, hacer transferencias inmediatas de las nuevas tecnologías a los países pobres y no permitir a las corporaciones y a las multinacionales controlar la economía mundial.

Si revisamos su trabajo esto fue como un sueño. Keynes, advirtió que la economía no podía ser controlada por los países acreedores sino por una especie de sindicato de todos los países que origine un mecanismo de igualdad en el comercio internacional. Si había un negocio entre un país rico y otro no, tan pronto que el primero tuviera un excedente, este tenía que ir automáticamente al pago de la deuda del pobre. Pero eso sólo se quedó en un sueño pues la igualdad es una pesadilla para los ricos. La moción de Keynes que fue presentada en la Conferencia Bretton Woods, en 1944, advirtiendo el peligro del crecimiento de la pobreza, fue rechazada inmediatamente por Estados Unidos.

Los líderes en Lima, saben que ya en 1944 los economistas dijeron que el sistema económico que hoy rige los destinos, jamás permitiría salir de la pobreza y la dependencia económica, ni aunque sus presidentes fueran ángeles. Así es, de un lado los ricos, supuestamente a través del BM y el FMI, dan millonarios préstamos y, por otro lado cobran en cuatro veces de lo que dan.

Las estadísticas indican que los aranceles que cobran los países del G -7 (EEUU, Inglaterra, Canadá, Francia, Alemania, Italia y Japón) a los productos del tercer mundo, son cuatro veces más caros de los aranceles que ellos pagan por sus productos cuando negocian con los países pobres, los que pierden por eso 100 mil millones de dólares anuales. Esto se explica fácil, si el Perú vende quinoa a EEUU tiene que pagar un arancel que es cuatro veces mayor que el arancel del trigo que este país vende al Perú.

Otro problema que ni trataron en la Cumbre es el de los subsidios a los productos agrícolas que ayudaría mucho a Latinoamérica. Los G-7 pagan 300 mil millones de dólares por el subsidio de sus productos agrícolas, es decir el 40 por ciento de su valor en el mercado, mientras que en Latinoamérica y en el resto de los países en desarrollo hay cero de subsidio, es decir todos los agricultores viven a su suerte sin créditos ni apoyo gubernamental. Cuando hay sequía u otros desastres naturales pierden todo.

Igualmente, los ricos pagan hasta 30 mil millones de dólares anuales en subsidios a sus productos textiles, en los nuestros, la industria vive a su suerte y en competencia desleal, pues les llevan todo lo que producen los países ricos. Y así, esta lista es interminable.

Los presidentes que se han reunido en Lima, parecen ser una mala clonación o producto programado que sólo apoya un sistema que está llevando a los países a ser engullidos por estos gigantes que inclusive les hacen discutir de sus propios problemas como si fueran los suyos. Han firmado el Acuerdo de Lima sabiendo que nada de eso se cumplirá porque el único sueño de cada uno de esos presidentes es conseguir un nuevo préstamo de los poderosos para lograr mantenerse en sus sillas presidenciales, sin siquiera intentar crear alternativas, porque sí las hay y muchas, sólo que ellos no tienen las agallas ni el ánimo para hacerlo, porque entrarían en la lista negra del Gran Patrón, así como le está pasando a Hugo Chávez.

(*)Vicky Peláez es periodista del diario La Prensa de Estados Unidos.

 

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