RECLAMAN AL PARLAMENTO QUE APURE LA SANCION DE UNA LEY SOBRE CONTAMINACION SONORA

La polución acústica provoca sordera, problemas digestivos y afecta la presión

Las revelaciones las formuló la fonoaudióloga Rita Quevedo, ante la Comisión de Medio Ambiente del Senado, la que recibió a una delegación de la Comisión de Medio Ambiente del Congreso Nacional de Intendentes.

La especialista explicó en la sesión del 26 de noviembre que en distintos centros de diversión donde funcionan las conocidas máquinas de música, se emiten altos decibeles de sonidos, lo que afecta la presión arterial y origina trastornos digestivos, involucrando a la franja más expuesta que son los adolescentes.

Quevedo, que también es edila de la Junta Departamental de San José, sostuvo que la comisión reclamó al Banco de Seguros un control más severo en las fábricas, en el entendido de que cuando se trabaja expuesto a más de 85 decibeles hay una pérdida auditiva que luego no se recupera.

«Por eso nos parecía importante que los operarios se hicieran un estudio auditivo al inicio de su trabajo en las fábricas», sostuvo la curul maragata, haciendo referencia a los traumas auditivos, muy frecuentes entre trabajadores debido a la incidencia del ruido en su lugar de trabajo.

Hasta ahora, acotó, no puede constatarse la pérdida de audición en un trabajador porque no se realiza el estudio inicial, antes de que comience con esa actividad.

En el marco de la discusión del proyecto de ley sobre protección contra la contaminación acústica, Quevedo resaltó que en la Unión Europea se está estudiando el ruido que provoca la afección de las cubiertas en el pavimento de las rutas, que aumenta a medida que la velocidad es mayor.

Se está pensando en poner una capa porosa en las grandes rutas y se han hecho apantallamientos acústicos en ellas. Este es un tema novedoso y que podría solucionar los problemas de la gente que vive cerca de las rutas y no puede descansar.

Para la experta, los walkman que habitualmente utilizan los jóvenes para escuchar música, son un grave problema. Si bien los nuevos aparatos tienen un límite de salida de 90 decibeles, hay casos concretos de adolescentes casi sordos, por haber usado estos aparatos durante mucho tiempo a un volumen muy elevado.

«Nos parece muy importante la campaña educativa porque lleva a la selección en la compra de electrodomésticos o de aparatos sonoros.

Incluso habíamos pensado en un sello que diga Ruido, que no sólo ayudaría a la selección para el que compra, sino también para que el que fabrica tenga en cuenta el ruido.

 

Ediles piden que se apruebe ley sobre contaminación

La edila y fonoaudióloga Rita Quevedo informó a LA REPUBLICA que desde hace tiempo se trabaja sobre la problemática del impacto acústico, a través de talleres, siguiendo los lineamientos del Congreso Nacional de Ediles, con representantes de Canelones, San José, Colonia, Montevideo y Florida.

Quevedo realizó una detallada exposición sobre el tema, destacando el rol de la prensa, tanto local como nacional, como difusora de la «condena de los vecinos» por los ruidos molestos que día y noche soportamos. Allí «aparecen con frecuencia los reclamos de la población refiriéndose al ruido», puntualizó.

«Todos hablan del volumen excesivo y su repercusión sobre la salud, las dificultades de comunicación en ambientes ruidosos, el estrés, la taquicardia, los trastornos sobre la voz, la alteración del sueño profundo que es el sueño realmente reparador, dificultades de concentración, los riesgos de la exposición de los jóvenes a la nueva tecnología y hasta el respeto por el derecho a la intimidad del otro».

La representante maragata recordó que ya en la Roma antigua se encuentra un decreto contra los ruidos molestos provocados por el intenso tráfico de carruajes en la Roma de los Césares. En 1700, Ramizzini describe la sordera de los artesanos del cobre y en Zurich, en 1515, se prohíbe hacer ruidos nocturnos en las calles. Luego, en 1755, se penó con multas y castigos corporales a quienes producían ruidos en las calles. En nuestro mundo moderno, las fuentes de ruido constituyen «una auténtica selva de la que no es posible defenderse: rugir de motores, motos con escape libre, ómnibus, máquinas, obreros desintegrando el pavimento, martillos, neumáticos, altavoces de propaganda callejera, bocinas, alarmas de automóviles, procesadoras, imprentas y discotecas», reflexionó Quevedo.

La profesional aseguró también que los inmuebles ubicados en lugares de alta sonoridad, van perdiendo su valor de reventa. Así, el estudio y tratamiento de este tipo de contaminación, que ha sido postergada durante años, hoy es abordado por científicos y eruditos que trabajan sobre los efectos que el problema acarrea al medio ambiente y la salud de la población en general.

La fonoaudióloga consideró que en el ámbito laboral, es donde el daño auditivo en sí adquiere mayor relevancia. «Es un problema realmente importante por las consecuencias que acarrea para la salud de los trabajadores».

De acuerdo con la información aportada por la edila maragata, en los últimos dos años el Banco de Seguros del Estado sólo ha publicado el registro de 60 casos de «sordera» originados en lugares de trabajo. «Dadas las condiciones de trabajo existentes en el Uruguay, esto es imposible», asegura. «Es sabido que el ruido provoca la sordera o hipocausia profesional, por deterioro de las células nerviosas auditivas, enfermedad profesional que es irreversible y que muchas veces es mal diagnosticada como sordera común». *

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