¿Aflojar?, ni soñando
Cuando el semáforo se pone muy rojo, ellos aparecen. Como duendes desde todos los rincones.
Muchachos y pibas, con sus ropas coloridas y gastados championes. Malabarismo para apechugar la vida. Fuegos que saltan y juegan en la montevideana noche.
Algunas ventanillas se abren y salen las monedas. Es la lucha por el mango de botijas que no aflojan por más que la mano venga muy dura. Recordamos allá, en el viejo Montevideo, los llamados «gardelitos». Por la Feria de Yaro o trillando los boliches de la Unión.
Cantaban a todo trapo, se vestían como «El Mago» y en el platito sonaban las guitas. Por los cajones de pescado y entre las frutas del Viejo Mercado, no faltaban los recitadores. Apuntalando los mostradores fraternos. Estibadores, bagayeros y changadores escuchaban los versos del Martín Fierro. Había un «recitador», traje oscuro y brilloso de tan viejo, moñita al cuello y tenía su territorio por la empedrada Ituzaingó.
Por las mesas de «El Brasilero» y, cuando la cosa aflojaba, se largaba a los «bares de camareras» de más abajo, casi la rambla portuaria. Poemas de Amado Nervo, Bécquer y pícaros versos, anónimos y audaces. Su aflautada voz, entre los pocillos de café o en las mesas llenas de pintarrajeadas mujeres y barbudos marineros. Si el invierno los acorralaba y había poca guita en la calle, rumbeaban cerca del Palacio Legislativo.
Por esos lados estaban los galpones y el comedor del Ejército de Salvación. A pasar la noche en los dormitorios calentados por braseros y con un rico plato de guiso en «la bodega». Se sabían todos los piques donde había morfe de garrón. Con la guitarra bajo el brazo, hacían cola por Maldonado y Minas. En el corazón de Palermo, los capuchinos daban sopa bien debute.
En el Cordón, por Magallanes y Uruguay, las grandes mesas de «la Cristóbal Colón». Y por el Cerrito, en la subida de Gral. Flores, nunca faltaba un tazón de leche y pan recién horneado. Le metían el gaucho a la mufa y cuando llegaba la malaria, nunca quedaban de a pie. Los estamos viendo en «Las Cuartetas», de Andes. Cantaban, recitaban y hasta algún zapateador, con berretines de Fred Astaire, alborotaban a los parroquianos. Le hacían morisquetas al destino. ¿Aflojar? ni soñando. Como Menecucho y Fosforito que siguen respirando en todos los pibes que deciden no bajar los brazos. Los esperamos los sábados y domingos, a las 19, en 1410 AM LIBRE. *
Coordinación: Angel Luis Grene
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