Carta de diciembre
«Sr. Redactor responsable de la sección esa, de mi mayor consideración posible, me dirijo a usted y no al Sr. Director de todo el diario porque lo sé, a usted, disponible de mayor tiempo y criterio para casos como el que nos ocupa y bastante tiene el Sr. Director con lo que tiene y que con su pan se lo coma como decía mi abuelita y yo siempre lo aplico. Y digo «nos» ocupa, porque ya lo veo a usted en plena ocupación de mi caso, que, sin duda, ha de ser plausible de comparación con el de muchas abnegadas esposas uruguayas que ya se enfrentan con la programación de las fiestas que se aproximan a pasos abrillantados.
No ha de escapar a su sagacidad y agudeza extrema, que las amas de casa tenemos, entre otras labores insalubres desde el punto de vista práctico, psicológico y sexual, que atender tanto a las necesidades lógicas y razonables de nuestros beneméritos esposos, como a sus más desaforados caprichos y antojos propios de la testarudez que los caracteriza.
Como usted bien sabe, aunque su condición de varón le impida reconocerlo con la lealtad y franqueza que debiera, el machismo imperante en el medio de nuestro medio, así como en sus orillas circundantes, hace recaer sobre nuestras femeninas y no siempre bellamente escotadas espaldas, la responsabilidad suprema de lo que ocurra dentro de los ámbitos interiores del sacro hogar que nos alberga.
Vistas así las cosas, paso a referirle el caso concreto que da lugar a esta solicitud de sano y sabio consejo, y que como ya quedó dicho está estrechamente referido a las bien llamadas «Fiestas de Fin de Año» ya que ocurren en diciembre, nombre que sería disparatado aplicar a cualquier fiesta que cayera en agosto, por ejemplo.
Yendo al meollo del asunto, debo aclararle que mi marido es, como yo, y como la mayor parte de la población de este país, de nacionalidad uruguayo. Esta condición se destaca y agudiza, y agrava, en el varón, al llegar las fiestas, y la prueba está que a él se le antojó, para Noche Buena, hacer un asadito en el fondo. La idea es linda y yo soy la primera en reconocer lo agradable y telúrico que es hacer un asadito en el fondo, pero ocurre que en casa no tenemos fondo. ¿Qué me aconseja?».
Consejo: Tiene usted una buena oportunidad de regalarle un fondo a su marido y quedar como una reina. Hay unos fondos de fabricación china que están muy en precio, y que además son descartables, cosa que le ahorra la engorrosa tarea, al otro día, de tener que limpiar el fondo. *
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