LA REPUBLICA CONTRIBUYO A QUE LES SUMINISTREN AGUA POTABLE

Familias del asentamiento Santa Lourdes procuran mejorar su calidad de vida

El pasado viernes, uno de las tantos mensajes que recibe nuestra sección Llamadas al Director condujo a LA REPUBLICA al asentamiento La Santa Lourdes, ubicado en Instrucciones y Antilla.

Allí, el cronista recogió esta historia, que le relataron Guillermo Rodríguez, Blanca Blun, Cristina Rodríguez, Andrea Martínez, Lourdes Tellechea, Angélica Rodríguez, Alejandro Araújo, Sonia Rodríguez, José María Tellechea y Adriana Novas:

«Durante mucho tiempo estuvimos conectados clandestinamente a la red de OSE, pero en setiembre decidimos hacer las cosas bien y empezamos los trámites para legalizar la situación. Fuimos a OSE, pagamos lo que debíamos pagar para que nos pusieran la conexión y quedamos a la espera. Un día OSE nos mandó a funcionarios del Departamento Comercial y ellos nos preguntaron: ‘¿Van a pagar el agua si la ponemos?’. Le aseguro que nos dolió que nos preguntaran eso. ¿Qué pensaban de nosotros? Si habíamos hecho el trámite para legalizar era porque queríamos cumplir con nuestra obligación de pagar. De lo contrario, hubiéramos seguido robando el agua y punto, ¿no le parece? OSE también nos mandó gente del Departamento Técnico de Tendidos, que anduvo por aquí mirando y midiendo, pero el agua no llegó. Hace dos meses que esperamos. Somos 17 familias en esta situación. Ahora no nos llega más agua porque bajó la tensión o la cortaron y de las canillas salen apenas unas gotitas. Si podemos llenar un balde lo pasamos de casa en casa. Aquí hay muchos chiquilines y ellos son los que más sufren por lo que está sucediendo. No queremos ni pensar en lo que puede pasar cuando llegue el verano. ¿Por qué no nos ponen el agua si ya hicimos todos los trámites y pagamos? ¿Hasta cuándo nos van a tener así?».

Guillermo Rodríguez subrayó:

«No estamos pidiendo caridad. Lo único que pedimos es que nos traten como a todos los usuarios. Pagamos la conexión y tenemos el mismo derecho que cualquier otra persona».

Rodríguez dijo que les había llegado una propuesta para que dejaran las cosas en manos de un diputado colorado:

«Se dijo que ese diputado tenía influencias en OSE y nos podía conseguir el agua. Aquí no queremos nada de eso. No queremos que se aprovechen de nuestra situación para hacer política. No estamos dispuestos a hacerle el juego a un político que para ganar puntos venga él también a tomarse ‘el vaso de agua’, como muestran en la televisión cuando inauguran una línea de OSE. Nosotros tenemos derecho al agua porque pagamos».

 

OSE al habla

Poco después de las 15 horas de ese mismo viernes LA REPUBLICA estableció contacto telefónico con el gerente general de OSE, ingeniero Arturo Castagnino, y le transmitió la queja de las 17 familias del asentamiento.

El diálogo fue este:

–Dicen que pagaron hace dos meses y todavía no tienen agua.

–¿Me dijo que es en Instrucciones y Antilla?

–Sí, ingeniero

–Es un asentamiento, ¿verdad?

–Sí.

–Conozco la zona. Voy a ver qué paso. Llámeme más tarde, por favor.

La experiencia indica que para algunos jerarcas ese «llámeme más tarde» quiere decir «adiós para siempre». El crédulo periodista llama una, dos, cien veces, y el jerarca «ya se retiró» o «está en una reunión y no se le puede interrumpir». Pero en este caso no fue así. Poco después la secretaría de la gerencia general de OSE telefoneó al cronista y le pidió que llamara a Castagnino, quien, tras explicar cómo los enganches clandestinos habían destruido la red de agua potable en el lugar donde está el asentamiento, dijo:

–Esas familias pidieron lo que se llama «ampliación económica». Y pagaron lo que debían pagar, es verdad. Acabo de ordenar que la semana entrante comiencen los trabajos para que les conecten el agua.

Y agregó:

–Voy a hacer un seguimiento personal de este caso.

El breve contacto telefónico de LA REPUBLICA con Castagnino había generado una noticia alentadora. La buena nueva alegró a las 17 familias:

–Un lujo, un lujo –dijo Rodríguez.

 

El futuro

Pero obtener agua potable es sólo uno de los objetivos de la gente que en Santa Lourdes está luchando para mejorar su calidad de vida. Rodríguez dice:

«Uno de los planes es construir un comedor. En época de clases, los chiquilines comen en la escuela pero durante las vacaciones no tienen esa posibilidad y un comedor vendría muy bien porque aquí viven familias modestas y la población infantil es muy grande. También necesitamos una asistente social, sobre todo para las madres solteras que hay aquí. Ellas necesitan una asistente social que las ayude a cobrar la asignación familiar que ahora no reciben. Además es urgente que comience a funcionar el alumbrado público. Ya están las columnas y los cables y al parecer sólo falta que alguien accione una palanca en algún lado para que de noche esto deje de ser una boca de lobo como es ahora. Otro problema grave es el de las aguas servidas que inundan el asentamiento y vamos a tratar que eso se resuelva para evitar que se propaguen enfermedades. Pensamos igualmente en tener una policlíclina. Nosotros podemos construir el local y si nos designan un médico, o alguno quiere colaborar solidariamente con nosotros, daríamos un gran paso, porque la policlínica que atiende a la gente de la zona queda lejos y eso crea muchos inconvenientes. Lo que queremos es mejorar nuestra calidad de vida y estamos dispuestos a hacer todo lo posible para lograrlo». *

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