La Columna Amarilla

¿Qué hay de nuevo, viejo?

Abro la bandeja de entrada de mi correo electrónico y me encuentro con diferentes noticias de este mundo.

EE UU y el Reino Unido consideran que no es necesaria ninguna investigación sobre la matanza de presos talibanes. La polémica se centra en que, de acuerdo con la Convención de Ginebra, si los prisioneros estaban armados la represión del motín sería un acto de guerra; pero si estaban desarmados se trataría de un crimen de guerra, y han aparecido cadáveres que tenían las manos atadas a la espalda.

«El campo afgano cuajado de presos muertos, maniatados con sus propios turbantes, arrancados sus dientes de oro: bombardeados por los americanos, pateados y disparados por los afganos dirigidos por militares ingleses»

El Ejército de Israel envió tropas y carros de combate al norte de Cisjordania. Triple atentado en Jerusalén.

3.500 seguidores del partido ultraderechista alemán NPD se manifestaron ayer por el centro de Berlín. Fue la marcha neonazi más importante en la capital alemana desde la II Guerra Mundial.

El Pentágono confirmó que no habrá de momento ninguna «misión de paz», por aquello de no interferir en las acciones de guerra.

«Estar aquí lo justifica todo: la sangre, el sudor y las lágrimas’, confiesa el marine Thomas Nezbeda

Para demostrar que siguen más firmes que nunca, los talibanes quemaron aparatos de música, casetes y CDs en el mismo estadio de fútbol donde otras veces se colgaba del travesaño de los arcos a los condenados.

El fiscal general, John Ashcroft, era un político acabado y denostado por su historial racista y ultraconservador. Hoy, Bush es el presidente con más poder y popularidad desde Franklin Roosevelt, y Ashcroft se permite mofarse de un Congreso empequeñecido ante una Casa Blanca de tamaño imperial.

También empiezan a aparecer tarjetas deseando un Feliz Año Nuevo. ¿Qué querrán decir con «nuevo»? *

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