La Columna Amarilla

Diálogo repetido diálogo

–Buenas tardes, vengo por una clonación.

–¿Total o parcial?

–Bueno, la verdad es que no había pensado en eso.

–Y usted no puede contestar nada que no haya pensado antes, ¿verdad?

–Si no pensé en la pregunta, me resulta difícil encontrar una respuesta.

–Eso le pasa por querer tener una respuesta para todo.

–No, yo quisiera tener una pregunta para todo. Es decir, una pregunta que abarcara todo.

–¿Por qué uno está acá, por ejemplo?

–Eso ya lo sé.

–¡Usted sabe para qué vinimos a este mundo, qué maravilla!

–Me refiero que sé para qué vine a este metro cuadrado de mundo: vine por una clonación.

–Ah, eso es diferente.

–¿Diferente a qué?

–A lo otro

–¿Pero cómo? ¿No era que es como una reproducción del otro?

–Todo lo contrario. Nada de reproducción. Nada del viejo meteysaca. Nada de placer o dolor. Nada de un whisky antes y un cigarrillo después. Nada de «Tenemos que hablar».

–¿Pero no es como una copia?

–¿A usted le parece que un metro cuadrado de mundo puede representar al mundo total?

–Le puedo asegurar que hay días que sí.

–Bueno, tengo que cerrar, ¿qué era lo que quería?

–Vine por una clonación.

–¿De usted mismo?

–Sí.

–¿Y la cuestión moral?

–No, la moral no me la clone. Con ella uno no gana para disgustos. Yo quiero mejorarme.

–Ese es el problema, ¿quién decide lo que es mejorar?

–¿El que paga la clonación?

–Y el tema de Dios.

–El ya se clonó tres veces.

–Aquello de la costilla le salió mal porque todavía la técnica no estaba avanzada.

–Después de todo no le salió tan mal, salvo por algunos detalles le salió igualito, pero con más ganas de hablar por teléfono.

–¿Usted es uruguayo, verdad?

–Sí.

–Y entonces para qué se va a estar clonando. Hágase una fotocopia y ya está. *

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