ESPECIALISTA RECOMIENDA A LA PRENSA NO INFORMAR COMO SE QUITA LA VIDA UNA PERSONA

Aumentó el número de suicidios en el mundo

La presidenta de la Fundación Puertorriqueña de Prevención del Suicidio, Carmen Parrilla, quien además es antropóloga médica y asesora de la Organización Panamericana de la Salud, sostuvo que el detonante de esta situación está sustentado en una multiplicidad de factores. «La desocupación, la crítica situación socioeconómica que están viviendo nuestros respectivos países, los conflictos familiares, la pérdida de seres queridos y el descenso de los ingresos», son algunas de la causas que pueden llevar a un individuo a plantearse quitarse la vida. «Hay personas que no encuentran solución a sus problemas y no tienen la destreza para lidiar con ellos porque la desesperación no les permite vislumbrar una salida», afirmó Parrilla.

La profesional explicó que quienes tienen la idea de quitarse la vida y atentan contra sí mismos, envían señales a su entorno en busca de ayuda. Contrariamente a lo que se piensa, la decisión no obedece a una sola razón y en ella intervienen múltiples factores que el individuo han venido madurando con el tiempo.

En muchos casos, esas señales de auxilio no son recepcionadas por el círculo de amigos y familiares cercanos al potencial suicida.

«Hay señales universales, que son comunes», explica Parrilla. «Las personas que hablan mucho de la muerte, que han tenido pérdidas significativas, sean de estima, familiares o de estatus, pueden ser el detonante, pero nadie se quita la vida por una sola razón. Son muchos los factores que tienen que ver con el problema y, en muchos casos, son factores predisponentes que la persona viene arrastrando desde sus primeros años de vida. Otras, en cambio, son precipitantes».

Señales de alerta

El afecto, el cariño y la preocupación por la persona que se encuentra en esta situación, es un buen comienzo en el largo camino de ayuda para quienes están inmersos en esta problemática.

Sin embargo, Parrilla enfatizó la labor desarrollada por los profesionales, especialistas en este tipo de situaciones.

«Hay que facilitar el acceso a este tipo de servicios. Generalmente la persona que atenta contra su vida puede reincidir si no recibe ayuda especializada en el momento preciso que la necesita.

La mayoría de las personas hace varios intentos y el peligro radica en que, a mayor número de intentos, aumenta la probabilidad de que ese ser humano se quite la vida».

Tampoco existe una franja etaria determinada proclive a este tipo de situaciones.

«Lamentablemente hemos tenido niños de cinco años en esta situación.

No hay diferencias por edades ni por sexo, con la diferencia de que más mujeres lo intentan y más hombres mueren por esta causa», manifestó Parrilla.

Según estudios realizados por diferentes ONGs y organizaciones médicas, el hombre tiende a utilizar métodos de acción más rápidos y radicales, mientras que la tendencia en las mujeres ha sido el uso de métodos de acción más lenta. Sin embargo, en los últimos tres años se ha observado que las mujeres han comenzado a utilizar métodos radicales similares a los hombres.

El rol de los medios

El papel de los medios de comunicación a la hora de informar sobre esta problemática conlleva a una discusión donde se mezcla la ética profesional (el derecho a informar) y las pautas que los comunicadores deben tener en cuenta en el seno de la comunidad a la que van a informar.

«Nosotros le pedimos a ustedes que en un nota periodística nunca pongan los métodos, ni describan cómo la persona se quitó la vida.

Estas son las recomendaciones que aconseja la Organización Mundial de la Salud. No es conveniente poner los detalles porque es muy fácil que cualquier persona que lea el artículo y se encuentre vulnerable, decida quitarse la vida», sostuvo.

«En general, agrega Parrilla, la prensa podría tratar mejor el tema.

El desconocimiento de las implicaciones que tiene un manejo público inadecuado de la información es muy nocivo. Es importante que los periodistas utilicen bien ese instrumento extraordinario que es la comunicación pública con el fin de contribuir a salvar vidas».

Otro punto abordado fue el mito, sin sustento científico, de que el comportamiento suicida sea hereditario.

«Esto es falso. El comportamiento suicida no se hereda pero sí es una conducta que se aprende.

Si una persona tiene antecedentes de suicidas en su familia no quiere decir que lo lleve en la sangre y que, inexorablemente, le vaya a ocurrir. Es una conducta que se observa, se aprende y se puede reproducir. Pero no se hereda», afirmó Parrilla. *

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