LA COLUMNA AMARILLA

Del diario de Fulano

POR HORACIO BUSCAGLIA

 

Estoy inmóvil. Estoy sentado desde hace horas esperando que suceda algún suceso. Aunque para ser franco me conformaría hasta con algún sucedido. Y si me apuran, me sirve hasta un trascendido intrascendente. Pero siempre que algo sucede yo estoy pensando para otro lado y me lo pierdo. Porque los hechos de pública notoriedad acaecen en el lado opuesto del pensamiento de uno. Es decir del lado de allá.

Noto cierta inquietud entre las medias sucias que deambulan debajo de la cama. Ellas también están por acaecer. Todo acaece en algún momento. Menos yo, que acontezco más que acaezco.

Hay gente que ocurre y otros que hasta sobrevienen, pero sobre ese asunto no vale la pena discurrir.

La que discurre, y mucho, es la alpargata solitaria, la que perdió a su compañera en la última refriega con los mocasines, que hoy está silenciosa y abatida.

Me temo que las medias se aprovechen de ella.

La caldera silba para romper la tensión que le produce la obligación de calentar agua para el mate.

Miro la mancha de humedad y ella, que sabe que la estoy mirando, trata de disimular su forma de ave marina y suelta una pluma que suena como una gota de agua al caer dentro de la palangana que puse para tales efectos.

Debajo de la cama algo se está muriendo, tendría que haber sacado los diarios viejos de allí.

Las marcas de mi cuerpo sobre las sábanas me son irreconocibles. No me preocupa, ellas saben lo que hacen. La almohada, harta de ser consultada por cualquier pavada quedó como un globo terráqueo desinflado. ¿Por qué habré dicho terráqueo y no globo, solamente?

Una araña está descifrando el mensaje de una mosca. ¿No creo que hablen de amor?

Noto que el picaporte se distrajo y salto sobre él, se resiste. Pero, por un segundo, un rayo de sol entró en la pieza y después se fue.

Sigo inmóvil. Algo va a suceder. *

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