Apuntan, disparan y acumulan puntos
Están separados por boxes individuales, en cada uno sólo hay un tirador con su arma, municiones, una línea amarilla por detrás y una lamparilla roja. Los deportistas, con zapatos especiales y protectores de oídos, apuntan al blanco y disparan. Suenan los estruendos. A lo lejos, unos 25 metros, está el cartón que marca los puntos de cada participante. En determinado momento se escucha la campana y la lamparilla enciende una luz roja. Cesan los disparos, los hombres se alejan, colocándose detrás de la marca amarilla y dejan el arma. Es tiempo de contar los puntos. Así se desarrolla una competencia de armas cortas en el Club Uruguayo de Tiro, una institución que en los últimos tiempos saltó a los principales titulares de la prensa debido a un inédito robo de municiones en la Armada Nacional.
«En este deporte se necesita mucha concentración, tranquilidad, bajar al mínimo las pulsaciones, tener buena vista y mucho pulso. El tirador compite contra sí mismo para superarse. Si bien se intenta alcanzar y sobrepasar al que se tiene al lado, lo que realmente importa es mejorar la marca personal. Es el deportista contra el blanco», explica Daniel Sosa, presidente de la Federación Uruguaya de Tiro.
Amantes del fuego
El tiro es un deporte que se realiza en Uruguay desde hace mucho tiempo, pero a pesar de la poca difusión que tiene son bastantes las personas que lo practican. El primer lugar en que empezó a realizarse fue en la Sociedad de Tiro Suizo en Colonia Valdense, que tiene aproximadamente unos doscientos socios. Los otros lugares para aprender o perfeccionarse son el Club de Tiro del Uruguay, con setecientos socios y el Club de Cazadores de Paso de la Arena que registra unos cien socios. Aparte se encuentra el Polígono del Ejército para los militares, en donde se estima habrá unos mil quinientos tiradores. Hay algún lugar más en Montevideo e Interior, pero al no estar federado no se cuenta con datos. Los deportistas federados para competir son unos cien, nucleados en la Federación Uruguaya de Tiro.
Practican el deporte civiles, policías y militares. La mayoría de los tiradores son hombres, aunque también se encuentran mujeres. Según Sosa éstas tienen igualdad de condiciones y destreza que los varones. Aunque actualmente ninguna dama participa de las competencias.
Las razones que llevan a la gente a dedicarse a esta disciplina son variadas. Según Sosa, muchas personas se acercan porque les atraen las armas, otras porque adquirieron una y necesitan aprender a utilizarla, y hay quienes van porque les gusta la caza y se quieren perfeccionar.
También se ven padres que llevan a sus hijos para que desde pequeños sepan manejar un arma.
Cuenta Enrique Gascue, secretario administrativo del Club de Tiro, que los niños pueden empezar a partir de los nueve años, siempre acompañados de un mayor que se haga responsable. Se inician en la categoría de cadetes, con armas neumáticas –de aire comprimido–, en un polígono único habilitado en el país, que se encuentra dentro de ese club.
Un sedante natural
«Este deporte no es muy difundido porque no tiene hinchada. A lo sumo acompaña al tirador un familiar, para el que no dispara no tiene gracia, ni siquiera ve los tiros», asegura el presidente de la Federación.
Características especiales para practicar este deporte no hay. Es más fácil para las personas tranquilas, aunque los nerviosos encuentran un sedante natural en hacer fuego contra el blanco. Afirma Sosa que es una verdadera terapia para muchas personas y que les saca el estrés. Unos cuantos socios del Club, después de doce horas de trabajo concurren a liberarse de las tensiones.
El equipo de tiro consiste en un arma, que es imprescindible que la compre el interesado, pues no se prestan, municiones y tapa orejas o protectores de oídos. Quienes quieren complementan este equípo con zapatos de tiro, un calzado especial que permite mantenerse fijo en el piso, ya que para lograr una mayor precisión el cuerpo no se debe mover.
Los carabineros necesariamente usan un traje especial, a causa del peso del arma que utilizan. Con campera y pantalón de cuero o pantasote es más fácil afirmar lo brazos para sostener la carabina. Además se ponen unas botas especiales que también adhieren los pies al suelo.
«El equipo facilita la precisión, si la mano se mueve una décima, el tiro se aleja medio metro del blanco. Los tapa oreja otorgan seguridad, para la concentración se necesita silencio, además ante tanto ruido se corre el riesgo de quedar sordo con el paso del tiempo», explica Sosa mientras toma una carabina para mostrar el peso de la misma.
Máxima seguridad
Las normas de seguridad para tirar son estrictas. Prueba de ello es la inexistencia de accidentes ocurridos en los lugares de práctica.
En primer lugar para ingresar al Club de Tiro se toca un timbre y sólo se le permite la entrada a los socios o personas autorizadas. Las armas se llevan en un bolso, descargadas, se sacan y se cargan en el momento de tirar. Sólo se pueden manipular dentro del puesto de tiradores, de modo que si se escapa un tiro va a parar al campo. Cuando se van a corregir los blancos o contar los impactos, en cada box se enciende una luz roja que indica «alto el fuego», en ese momento los practicantes se colocan detrás de una línea amarilla y dejan el arma.
«Es imposible que se dé un accidente porque el arma sólo se empuña hacia adelante. El tirador no puede ver el cielo, si levanta el arma y el tiro sale hacia arriba da contra las vallas. Esas vallas son de hormigón forradas en madera y atrás están los terraplenes de tierra», cuenta Daniel Sosa.
Gascue agrega que otra medida destinada a mantener la seguridad es la prohibición de usar balas blindadas, que podrían rebotar. Se utilizan puntas de plomo blancas que al golpear el fondo del blanco se aplastan y quedan ahí. Si en algún momento se violara alguna de estas normas, las sanciones serían muy graves, llegando a la expulsión del infractor.
Sin dinero
Desde el mes de marzo hasta octubre se realiza un Campeonato Federal. Para cada disciplina –pistola, escopeta, rifle, etc.– hay una competencia una vez por mes. Las disciplinas que se usan son cinco en armas cortas y tres en largas.
En algunas competencias se evalúa el tiempo, o sea cuántos tiros se disparan en determinado lapso, ahí cuenta la velocidad. En otras se valora la precisión y es mayor el tiempo para tirar.
En noviembre se efectúa el Campeonato Nacional, el ganador del mismo recibe el título de «Mejor Tirador del Año».
«Hace años Uruguay tuvo muy buenos tiradores que salieron campeones sudamericanos y en 1993 un compatriota resultó campeón panamericano. El gran problema que tenemos aquí es la falta de dinero.
Por ejemplo, no hay tiradores profesionales porque no se les puede pagar.
Eso nos impide obtener buenos puestos a nivel internacional, al no participar por la imposibilidad de afrontar los gastos de pasaje, alojamiento, inscripción y control antidoping, no competimos y perdemos entrenamiento. No es lo mismo practicar acá que ir a un mundial o a los juegos olímpicos. En competencias mundiales se tira diferente porque las presiones son otras y se adquiere experiencia.
Amarilla y después roja
«En estas competencias no hay discusiones, ni peleas, ni gritos. El único que habla y da órdenes soy yo», aclara el presidente de la Federación.
El reglamento de los campeonatos impide la realización de cualquier tipo de ruido o movimiento que pueda perjudicar a otros competidores. No se permite alterar la concentración de los tiradores bajo ningún concepto y además no se debe olvidar que los demás están con un arma en la mano.
Cuando se comete una infracción
el juez –Daniel Sosa es juez y es el único con la categoría internacional en el país– le saca una tarjeta amarilla al competidor. Esta es una observación, si se repite la próxima sanción consiste en la muestra de una tarjeta roja, que significa la expulsión e imposibilidad de tirar durante toda la competencia. «Nadie comete una irregularidad por mal, si pasa algo es sin intención», afirma el juez.
A la espera del próximo gobierno
«Aquí brindamos un servicio comunal, hasta nuestras instalaciones concurren en forma gratuita a practicar, cadetes de la Policía, de la Fuerzas Armadas y de Bomberos. La intención es preparar a esta gente para que nos pueda ayudar a todos», sostiene Enrique Gascue.
Ante la posibilidad de la pérdida del predio y demolición del local por parte de la Intendencia Municipal de Montevideo, el secretario del club manifestó dolor y preocupación. Recuerda que todo comenzó hace más de diez años, cuando presentaron ante la comuna un proyecto para construir boxes similares a los existentes, pero enfrentados. Pensaban hacerlo en el espacio que anteriormente fue utilizado para una prueba de carabina olímpica de cien metros. Esa prueba fue eliminada a nivel internacional, razón por la cual la institución dejó sin uso ese terreno. En él cavaron un pozo para comenzar las obras del nuevo proyecto, que nunca obtuvo la aprobación municipal. Según Gascue la comuna asegura que ese predio estaba ocioso y demolió los muros, perdiendo el club el espacio.
«Nosotros no lo usábamos porque no teníamos autorización para construir. Argumentan que quieren convertir esto en un parque verde, pero no entendemos cómo con tanto parque quieren sacarnos este lugar que ofrece un servicio y que además tiene bastante pasto. Sería una locura tirar abajo el local. Las últimas noticias que tuvimos fueron que hasta la próxima administración quedaría todo igual y con el nuevo gobierno municipal se volvería a conversar», dice Gascue.
«Siempre me gustaron las armas, cuando era chico iba a cazar. Con el tiempo me arrepentí de matar animales. Después que empecé a tirarle a un papel, nunca más pude disparale a un bicho. Me acostumbre a un cartón y no soy el único, nos pasa a muchos. Se puede enseñar a tirar, no a matar», relata Sosa. *
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