El FSLN y el sentido común
Sobre el piloto pesaba el síndrome de la derrota, una cosa es que él tuviera la confianza en la victoria y otra que la tuvieran sus electores. El candidato fue en sí mismo el mensaje. El mensaje no eran los colores y lemas de campaña. No se puede hablar de futuro con un candidato que retrae al elector automáticamente al pasado. Fue el talón de Aquiles de la campaña del FSLN. Por esta misma razón toda la campaña de la derecha estuvo concentrada en la figura del candidato.
El FSLN como vehículo, entró a competir al escenario electoral arrastrando una gran cantidad de contradicciones pendientes de resolver. Ante una competencia lo primero que hay que chequear es el vehículo y ese vehículo desde antes de 1990 comenzó a presentar problemas con sus motores, carrocería, llantas, dirección y luces. La ausencia de un debate autocrítico en el seno del FSLN no permitió su reingeniería y entonces el vehículo comenzó a girar a la derecha teniendo puesto el pidevía de la izquierda.
En fin, la derrota es en primer lugar el resultado lógico de los errores políticos cometidos por el FSLN y su falta de renovación, el pacto, los problemas generados en la consulta popular y el triunfalismo que levantaron los resultados en las elecciones municipales no fueron inversiones para el triunfo. Pactar de espaldas a las necesidades populares y posteriormente levantar la bandera de una Convergencia Nacional no hace creíble a un partido. Si hace casi dos años en vez del pacto, el FSLN hubiera organizado la Convergencia y en vez del colaboracionismo con un gobierno corrupto, se hubiera preocupado por empujar soluciones a los problemas nacionales, otros fueran los resultados.
Los estrategas del FSLN no entendieron que el neoliberalismo sufre en América Latina una crisis hegemónica y que desde hace algunos años comenzó a dar señales de agotamiento. En este escenario no se debía oxigenar al adversario con un pacto, lo lógico era pasar a la ofensiva, montándose sobre la ola de flujo revolucionario que comenzó a levantarse sobre la base de una crítica generalizada a las democracias de hambre y al modelo neoliberal excluyente. Con relación al carril de la estrategia política se cometieron errores que minaron la credibilidad del Frente Sandinista. La estrategia de la convergencia no pasó de buenas intenciones. ¿Cómo demostrar la seriedad y sinceridad de una propuesta cuando en las listas de diputados no aparece ningún convergente? La verdadera convergencia debió construirse en primer lugar sobre la unidad de la familia Sandinista y la renovación del partido. Una propuesta democrática levantada sobre un Partido con un liderazgo caudillista y una estructura cuasimilitar le dio a la Convergencia al igual que al pacto un sabor de arroz con mango. Fue una Convergencia artificial y tardía en la que el FSLN proyectó la imagen de haber perdido el rumbo para girar como «papalote sin cola» alrededor de algunas cuestionadas personalidades. La campaña en sí misma careció de unidad de criterios, manejándose varios enfoques a la vez, le faltó espíritu ofensivo y visión estratégica. La mentalidad cortoplacista y coyunturalista enterró la posibilidad de moverse en el ajedrez electoral en la dirección correcta y en el momento oportuno, concentrando las fuerzas en los flancos más débiles del adversario. Y por último, el FSLN comenzó la campaña de publicidad fundamentalmente alrededor de la figura de su candidato, situación que si bien es cierto fue superada, se hizo demasiado tarde. Dice la sabiduría popular: «atenete al santo y no le reces» y el FSLN se atuvo al santo de la crisis económica creyendo ingenuamente que cada desempleado era automáticamente un voto a su favor. Los jóvenes, las mujeres y el campesinado mantienen la misma tendencia de votos desde 1990. Es lógico que la juventud no vote por caras viejas, las mujeres por una organización patriarcal y los campesinos continúen rechazando la urbanización del Sandinismo. Ellos siguen siendo los grandes electores.
El FSLN debe situarse desde ahora en el camino de la conquista del poder, no importa a la velocidad con que se avance si se marcha en la dirección correcta y ese camino cruza por su integral renovación y la unidad de la familia Sandinista, la emergencia de un nuevo liderazgo, la formulación de una estrategia correcta que gire alrededor de la implementación de un verdadero Proyecto de Nación. Las tendencias actuales que hacen del Frente un partido electorero deben ser superadas en un espacio autocrítico, incluyente y propositivo sin ajustes de cuentas y extrayendo del pasado las necesarias lecciones políticas.
Hasta este momento pareciera que el sentir del pueblo va en una dirección y la del FSLN en otra, lograr una gran convergencia de esas dos corrientes es el actual desafío histórico. Se trata de revolucionar el instrumento revolucionario para lograrlo. Y por ahora la pelota está en la cancha de la actual dirección política. *
(*) Analista de El Nuevo Diario de Managua
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