En Uruguay aumentó el abuso sexual y la prostitución infantil
El informe denominado «Cinco años después de Estocolmo», se lanzó simultáneamente en Montevideo, Bankok, Barcelona, Budapest, Luxemburgo y París. En él se adoptó una agenda de acción a seguir y luego se planteó la situación regional de los países que aportaron información acerca de sus realidades. Este informe estuvo a cargo del organismo internacional Ecpat (sigla que significa terminar con la prostitución infantil, el tráfico y el turismo sexual en Asia) y contó con el apoyo de la Fundación Cumbre Mundial de la Mujer y el Fondo Mundial para la Dignidad de los Niños. El documento se dio a conocer en el marco del aniversario de la Declaración de los Derechos del Niño.
Miedo, culpa y vergüenza
El abuso sexual de menores adquiere dos formas diferentes, una comercial en la que se encuentra la prostitución y la pornografía infantil –que encontró un importante medio de difusión en Internet– y otra no comercial en donde se dan los casos de abuso intrafamiliar o del entorno del niño. Entre las principales causas señaladas por los especialistas se encuentran la pobreza, el ausentismo escolar y el desempleo familiar. Como consecuencias se señaló las graves secuelas físicas y mentales que padecen las víctimas.
Una dificultad que enfrentan todas las organizaciones e instituciones que trabajan con estos problemas, es la falta de información que impide conocer la dimensión real de los mismos. El silencio, la clandestinidad, el miedo, la culpa, la vergüenza y la ambigüedad de los procedimientos institucionales son los factores que ocasionan el desconocimiento del fenómeno.
La propuesta que deriva del informe para combatir el abuso y la prostitución de menores en Uruguay se centra en la aprobación del Código de la Niñez y la Adolescencia (que actualmente se encuentra a estudio en el Parlamento), un reajuste en el procedimiento policial y judicial en cuanto a la víctima, la necesidad de asignar recursos económicos, instrumentar políticas sociales y lograr un compromiso a nivel político que acabe con la falta de voluntad del gobierno.
Tres denuncias por semana
La sicóloga Gabriela Fulco, integrante de la organización Casa de los Niños que trabaja en la rehabilitación de niños víctimas de abuso sexual, aseguró que en Uruguay se reciben tres denuncias semanales. Fulco indicó a LA REPUBLICA que esta cifra es altísima en relación a la población del país, principalmente si se tiene en cuenta que en estos casos no figuran las denuncias por prostitución. La captación de los casos se da fundamentalmente a través del sistema educativo. Desde hace un tiempo se instrumentó un programa mediante el cual se capacita a los maestros para que operen como principales focos de detección. Según la sicóloga los niños abusados emiten señales que van desde un bajo rendimiento escolar, hasta problemas de conducta como la extroversión, la agresión, erotismo expuesto en el juego, escondidas en los baños, verbalizaciones o la intención de reproducir la práctica de la que son víctimas con otros compañeros. Estas señales varían de acuerdo a la franja etaria de los menores. Son más fáciles de detectar en los preescolares, pues ellos aún no tienen noción de lo que les pasa y muestran esas señales claramente. En los escolares aparece la conciencia de lo malo que les ocurre. Sienten vergüenza, culpa y miedo. También sufren amenazas que los paralizan y contribuyen al ocultamiento del secreto. «Yo sentía que el mundo se me venía abajo por tu culpa, por lo que me hiciste, después empecé a sentirme como un sapo. Cuando pienso en lo que me hiciste tengo ganas de prenderte fuego. Ahora vivo tranquila, con personas que me cuidan y me quieren bien», escribió una niña de once años en una carta a su padre.
Dominación, pobreza y esperanzas
En cuanto a la prostitución de menores, Quilma Oliver, consultora de Unicef sostuvo que este fenómeno no es ejercido únicamente por adolescentes mujeres aunque esta sea la población más afectada, pues crece enormemente en varones cada vez más jóvenes. Oliver marcó el litoral y la zona fronteriza del país, así como los departamentos de Maldonado y Montevideo como los más afectados. Destacó también el incremento del problema en Uruguay, fundamentalmente por su condición de país turístico.
En los casos conocidos de prostitución infantil y adolescente aparece siempre presente la dominación adulta, la difícil situación económica, el acceso a dinero fácil y la seducción y promesas de una vida mejor. «Mi abuela es mala, me hacía changar. Llamaba a los muchachos y me agarraba las manos», escribió una niña de doce años. *
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