LUEGO DE UN DISCO QUE SE AGOTO, LOS CHICOS DEL INAME SE PROPONEN REALIZAR UN VIDEOCLIPS CON SU MURGA

Volver a empezar a través de la música de La Menor

Todo comenzó cuando un profesor de música presentó al Instituto Nacional del Menor (Iname) un proyecto pedagógico-artístico, orientado a contribuir en la rehabilitación de los jóvenes internados con medidas de seguridad.

A partir de la aplicación de la propuesta vinieron los logros, que no fueron pocos. La formación de una murga, la composición de temas, la colaboración de artistas nacionales, la grabación de un disco que se agotó enseguida, algunos premios y la posibilidad de realizar un videoclips son parte de los logros. Y lo más importante, la participación, creatividad, motivación y por sobre todas las cosas el medio de expresión que los chicos encontraron en el taller, a través de La Menor.

El músico Mario Villagrán propuso al Iname, en 1997, su proyecto. Por medio de él se creó en primera instancia un taller de murgas que dio origen a La Menor. En ella los internados componen canciones, según sus experiencias, sentimientos y expectativas. Luego los temas son interpretados por ellos mismos y el docente y director del proyecto consideró que era hora de salir puertas afuera.

«A veces las experiencias quedan reducidas al lugar donde se hacen y de alguna manera marginan al producto. Tratamos de difundir lo que hacemos y llevarlo a la sociedad. La idea es cruzar fronteras en el orden cultural, como manera de establecer un diálogo y sensibilización social muy latente. El tema de la minoridad o la delincuencia nos compete a todos», expresó Villagrán.

De ese modo se grabó un disco denominado «Esperando Salir», en el que artistas como Ruben Rada, José Carbajal, Mariana Ingold, Malena Muyala, Urbano Moraes, Contrafarsa y Hugo Fattoruso, entre otros, le ponen sus voces a los sentimientos de los menores.

El disco se agotó en poco tiempo. Después los chicos participaron en el Primer Encuentro de Murga Joven, organizado por la Intendencia de Montevideo, donde interpretaron ellos mismos sus temas y obtuvieron el tercer premio y una mención especial al texto. Hace unos días volvieron a presentarse en la edición de este año del evento.

Carlos y Martín, dos chicos que se incorporaron a La Menor porque «las canciones nos motivaron», contaron a LA REPUBLICA que las letras «hablan de nuestra realidad, que estamos encerrados y hacemos algo bueno para todos. Esto nos ayuda a sobrellevarlo y el grupo está bueno».

 

No salir más a robar

Actualmente, dentro del Instituto Técnico de Rehabilitación Juvenil (Interj) del Iname se instrumentan varios talleres más de música, plástica y teatro, a los que asiste un total de 60 jóvenes.

La participación en ellos es voluntaria y se trabaja fundamentalmente sobre la autoestima. Villagrán se empeña en destacar que los talleres no son recreativos, sino que cumplen una función pedagógica educativa. En el caso de La Menor la integran 13 chicos que rondan los 16 años, algunos de ellos están internados con medidas de seguridad. Los participanes rotan, puesto que en algún momento egresan del Iname y llegan otros, que se suman a la propuesta.

Al espacio de murga se dedican tres jornadas por semana, de ocho horas.

A escena, la murga sale vestida –este año– con trajes que representan el ying – yang, con los que se proponen simbolizar un camino de ida y vuelta, que todo circula, viene y va. Ese es el compromiso que los educadores quieren que los jóvenes asuman.

Según Villagrán, la inpiración a la hora de componer está dentro mismo de los chicos. Sus vivencias, sus sentimientos y sus planes a futuro cobran vida a través de las letras. Como por ejemplo una canción que propone no salir más a robar.

«Es importante resaltar que ellos hacen una cosa positiva, a pesar de que hicieron algo malo anteriormente», destaca el docente.

 

Convivirán con un estigma

Sergio Migliorata, director del Interj, sostiene que modular, recordar e incorporar un texto, así como sentirse parte de un grupo, implica un crecimiento muy importante para estos adolescentes.

Ellos provienen de familias con liderazgo femenino y en situación de pobreza; son excluidos por la sociedad y poseen un fuerte sentimiento de inmediatez.

«Este programa ofrece a los jóvenes infractores una oportunidad de cambiar mediante la responsabilidad y el reconocimiento de su error», manifestó el director de Interj.

Además de estos talleres los menores tienen la posibilidad de tomar clases que les permiten completar la educación primaria, aprender computación y un oficio como carpinteria, herrería o cerámica. También forman parte de un programa piloto de inserción laboral.

LA REPUBLICA consultó a varios psiquiatras y psicólogos acerca del contenido de las letras de La Menor y ellos visualizaron en las mismas una forma de transmitir a la sociedad sentimientos. Vieron también en algunos casos el arrepentimiento, aunque no aparecieron intentos de justificación, sino una definición de sus acciones a través de la expresión «no tenía más remedio». Encontraron también los profesionales una búsqueda de pertenencia, de incorporarse a la sociedad, más allá de que convivirán con el estigma de ser «chicos del Iname». *

 

«Y ahora esto que digo me lo guardé para el final

Quiero ser libre y tranquilo y por la calle caminar

Sin gorro de lana sin media can can

Sin un caño en la cintura y sin mirar hacia atrás».

Rap de Piedras. 

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