Una nueva ronda comercial ayudará a los ricos y a los pobres
Los argumentos a favor de la realización de una nueva ronda OMC son sólidos y han sido explicados de modo convincente por muchos dirigentes mundiales.
Para comenzar tenemos el argumento del desarrollo: 1.200 millones de personas viven con menos de un dólar diario y otros 1.600 millones viven con menos de 2 dólares diarios. La primera responsabilidad para mejorar esta situación le corresponde a los gobiernos, pues el desarrollo requiere paz, buen gobierno, políticas económicas sanas e inversiones en el cuidado de la salud y la educación.
Pero la comunidad internacional puede y debe ayudar. Los países pobres necesitan emprender su propio camino para salir de la pobreza. El comercio es un motor clave para el crecimiento, pero actualmente los productos de los países en desarrollo enfrentan muchos obstáculos para entrar en los mercados de los países ricos.
Mediante la apertura de estos mercados podemos ayudar a sacar de la pobreza a millones de personas. Y el modo más efectivo para lograr la apertura de esos mercados es el de lanzar una nueva ronda.
Por otro lado, el crecimiento a través del comercio puede ayudarnos a alcanzar para el 2015 las metas de la Declaración del Milenio de la Organización de las Naciones Unidas en cuanto a reducir la pobreza a la mitad, revertir la diseminación del VIH/sida, llevar a la mitad el número de personas sin acceso al agua potable y asegurar que los niños tengan acceso a la instrucción primaria.
Una nueva ronda ampliará sustancialmente las oportunidades, que es lo que en esencia ofrece el acceso al mercado. Las cifras son persuasivas: de acuerdo con un estudio, los países en desarrollo podrían ganar 155 mil millones de dólares al año con una ulterior liberalización del comercio. Esa cifra sería equivalente a la que resultaría de incorporar al comercio mundial una economía del tamaño de la de Canadá. Una eliminación total de las barreras comerciales agregaría aproximadamente 1 billón 900 mil millones de dólares a la economía mundial, o sea el equivalente a la incorporación de dos Chinas más.
Para agregar otra perspectiva al argumento económico, los subsidios al comercio agrícola en los países desarrollados son iguales a dos tercios del total del Producto Interno Bruto de Africa. En el caso de que estos subsidios fueran eliminados, las ganancias para la economía global serían enormes. El secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, quiere 10 mil millones de dólares para combatir el VIH/sida y esa cifra es el equivalente de sólo 12 días de esos subsidios.
Tampoco podemos ignorar el hecho de que la economía mundial aparece en el presente decididamente vulnerable. Un estudio de la OMC publicado el 25 de octubre ha estimado que el volumen del comercio mundial aumentará apenas en 2 por ciento en el 2001 –comparado con el 12 por ciento del año 2000–, pero advierte es posible que ese crecimiento resulte aún menor debido a la incertidumbre sobre el futuro de la economía y del intercambio comercial.
No hay mejor vía para enfrentar el problema de la desaceleración económica que la de fortalecer el sistema multilateral de comercio a través de nuevas negociaciones.
Por supuesto, la liberalización del comercio es sólo un ingrediente en el cóctel de las políticas requeridas para el desarrollo. Una nueva ronda hará poco a favor de una nación que está siendo desgarrada por la guerra o que gasta en armas todo lo que le ingresa por las exportaciones. Tampoco será muy útil la liberalización comercial en ausencia de un buen gobierno o bajo el peso de una deuda agobiante ni ayudará a aquellos países que carecen de la capacidad doméstica o de la infraestructura necesaria para obtener ventajas de las oportunidades que ofrece el acceso a nuevos mercados. La liberalización comercial debe, por lo tanto, ir de la mano con otras reformas.
Hay otra razón, fundamental y más inmediata, por la cual necesitamos que la próxima reunión sea exitosa: es la que será una oportunidad para la comunidad internacional de reafirmar su compromiso con los valores comunes del intercambio franco, participativo y pacífico, así como con el dominio de la ley en lugar de con la ley de la selva.
Los dirigentes y los gobiernos han reconocido largamente la necesidad de dar respuestas internacionales y regionales a los problemas que tenemos en común. Ninguna nación aislada y por sí sola puede combatir el sida, ni limpiar el ambiente, establecer un sistema tributario o administrar aerolíneas sin la cooperación de otros. Tampoco puede un país enfrentarse aisladamente con la amenaza del terrorismo internacional.
Aunque la necesidad de realizar una Conferencia Ministerial exitosa es reconocida por todos y los argumentos a favor de lanzar una nueva ronda son ampliamente admitidos, algunos protagonistas aún deben ser convencidos. Las áreas más sensibles siguen siendo las obvias, como ambiente, agricultura e inversiones.
Los asuntos que preocupan a todos los actores, ricos y pobres, grandes y pequeños, deben ser tratados con realismo. Es verdad que algunos de los países más pobres están marginados del sistema comercial mundial, pero esta situación no se remediará optando por el statu quo. Es verdad que algunas reglas incorporadas al sistema de la OMC quizás necesiten una actualización para que reflejen la actual realidad económica, pero todas esas reglas son el producto de pasadas negociaciones y sólo pueden ser cambiadas por medio de ulteriores negociaciones. Aunque existen algunos desequilibrios en el sistema comercial, un amplio proceso de negociaciones es el único ámbito para tratar de solucionarlos.
La Cuarta Conferencia Ministerial de la OMC es una oportunidad para infundir nuevo vigor a nuestros procesos, estimular la confianza económica global y fortalecer el sistema comercial unilateral. Es una ocasión única para que todos los países participen en un proceso ganador y que promote beneficios para todos. *
(*) Mike Moore es el director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC)
(Servicio exclusivo de IPS para LA REPUBLICA)
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