APRENDER A MONTAR Y RESPETAR A LOS CABALLOS EN UN CLUB DIFERENTE

Equitación al alcance de todos

Varios son los trofeos recogidos por los alumnos del Club Ecuestre Uruguayo y su escuelita de equitación. Los últimos los obtuvieron en el Campeonato Apertura que se disputó en el Carrasco Polo. Allí se hicieron acreedores a los primeros premios en las categorías de salto de 50, 60, 70 y 80 centímetros.

Treinta y cinco años de equitación no son poca cosa para Lilián Abud, quien desde hace un tiempo decidió ponerse al frente de este emprendimiento con la única colaboración de Viviana, su hija.

Esta apasionada de los caballos cuenta que el principal motivo que la llevó a instalar la institución, algo atípica dentro del ambiente, fue la intención de acercar ese deporte al público que nunca tuvo ni tendría acceso a él, a causa de los altos costos que manejan los clubes tradicionales.

Así, con mucho sacrificio y la ayuda de algún amigo consiguió el prestámo de un campo, de 70 hectáreas, en donde funciona el Ecuestre. Esta chacra llamada «La Lomita» está ubicada en la Ruta 8 que va hacía Pando, en el km 21.500 y hasta ahí van unos veinte alumnos que reciben las indicaciones y enseñanzas de las instructoras.

«Tener el campo por picadero es una ventaja, permite cabalgar más libremente y adquirir un mayor equilibrio», relata la entrenadora.

Las disciplinas

Una tarea a la que no escapa ningún concurrente consiste en el cuidado de los caballos. En cuanto llegan lo primero que deben atender son los animales, cepillarlos, ensillarlos y darles de comer, para después montar. Según Lilián mediante esta exigencia se intenta fomentar el amor y el respeto por el equino.

Luego se pueden practicar diferentes disciplinas. Ballet ecuestre, una especie de gimnasia que se realiza arriba del caballo con un aparato especial. Los tradicionales saltos que llegan hasta 1.30 metros y saltos en el exterior, en el campo fuera del picadero, con obstáculos e incluso introducciones en el agua. También es posible aprender adiestramiento, técnica que consiste en efectuar ejercicios en una pista de 20 por 60 metros, en la que hay letras, sobre las que se salta, se gira y entre otras cosas más se hacen diagonales, siempre con música. A esto se le suman las tradicionales cabalgatas.

Además se realiza gimnasia a diario para perfeccionar el equilibrio, al tiempo que se aprenden los secretos del deporte, en cuanto a posición de manos, piernas, tronco y comportamiento de los caballos.

Comunicándose con el caballo

Para iniciarse en la equitación, Abud entiende necesario contar con un equipo deportivo, botas de cualquier tipo que protejan parte de la pierna y lo más importante, ganas de montar y de comunicarse con el caballo. Los animales los presta el club, que posee diez, aunque quienes tienen el suyo pueden llevarlo.

Las clases se dictan de martes a sábados. Duran una hora, pero explica la instructora que hay personas que se quedan toda la tarde. El costo por clase es de cien pesos, en los casos en que se desea asistir dos veces por semana, se hace un descuento y se pagan 550 pesos por mes. Y así a mayor cantidad de clases más importantes bonificaciones.

Para algunos alumnos es difícil trasladarse hasta el campo, en esos casos el Ecuestre Uruguayo pensó en una solución, reunirse en la casa de Lilián en Cerrito de la Victoria o encontrarse en el camino. Pronto el club piensa trasladarse muy cerca del lugar, a «Villa Mauricia» una chacra ubicada por Melchor del Viana y Camino Zunino, próxima a Camino del Andaluz.

El grupo dentro del club es muy ameno. Es más, aquel jinete que se cae del caballo debe pagar una prenda. Los niños que perdieron el equilibrio tendrán que llevar una Coca-Cola y los adultos un buen vino. «Matías hace tiempo que viene, al principio le costó perderle el miedo al caballo. Este deporte influyó mucho en su personalidad. Hacerlo al aire libre es una buena opción ante la invasión de la televisión y la computadora.», relata Uriel Ganz, padre de un chico de 13 años.

Fieles y perfectos

Lilián Abud dice que fue la pionera en aplicar equinoterapia en Uruguay, pero por razones económicas y falta de apoyo no pudo desarrollar esa técnica.

De todos modos enseña el deporte a varias personas con diferentes discapacidades.

«Adoro los caballos desde que tenía cuatro años. Ellos son más perfectos que el hombre, nosotros nos enojamos, decimos malas palabras. En cambio estos animales son fieles, siempre están igual, sin modificar sus sentimientos», afirma la fundadora del club. *

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