EL CENTRO DESAFIO EL RECORTE DEL GASTO, EMERGIENDO DE LAS CENIZAS DE UN INCENDIO

El hogar del Iname de Capurro ganó batalla y reabrió sus puertas

Para ello, los funcionarios debieron desafiar las políticas restrictivas del gasto promovidas desde el gobierno, que amenazaban con el cierre de la institución.

«Nosotros nacimos de la noche, en ella vivimos, moriremos en ella, pero la luz será mañana para los demás. Para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día. Para todos la luz, para todos TODO…»

Esta frase del Frente Sandinista de Liberación Nacional, da la bienvenida desde la cartelera, al Hogar Capurro perteneciente al Instituto Nacional del Menor (Iname), que reabrió el viernes sus puertas.

Este centro de rehabilitación de adolescentes se incendió hace un año. A causa del accidente, los jóvenes y funcionarios fueron trasladados a otra dependencia del organismo. En el marco de la reestructura del gasto público que cerró varios hogares – se argumentó la necesidad de refacciones, pero existía detrás, la intención de cerrarlo definitivamente, afirmaron a LA REPUBLICA funcionarios del hogar.

«En el presupuesto se decidió hacer desaparecer el departamento de Comunidades Terapéuticas. Desde el mes de noviembre estuvimos en conflicto con el Iname. Hubo falta de comprensión por parte de la institución, acerca de la metodología que empleamos.», revelaron fuentes del centro.

La reapertura se obtuvo luego de once meses de lucha, entre el sindicato y autoridades del Iname.

«Desde el sindicato no sólo peleamos por el salario, también lo hicimos y lo hacemos por los proyectos, por la formación de los técnicos, por la coordinación, el trabajo en equipo y el respeto por los gurises. Este triunfo no es sólo de los compañeros, es también de los chiquilines y de los proyectos que los trabajadores creemos que los chicos se merecen», sostuvo Carlos Fonsalía, miembro del Sindicato Unico del Iname.

El hogar Capurro (Capurro 791) se organiza en forma de comunidad. Actualmente bajo esta metodología existe solamente un centro más en Montevideo. Las comunidades terapéuticas se instalaron como una nueva forma de trabajo en Uruguay hace once años, según modelo inglés.

La psicóloga Isabel Rodríguez Risso, que se capacitó en Inglaterra, estuvo a cargo, en principio, de la aplicación y difusión del modelo.

«Este sistema permite la posibilidad de participación real de los chiquilines, de acuerdo con sus edades. Uno de los pilares básicos es el trabajo grupal. En ellos se expresan las dificultades de cada uno y se comparten las de los otros compañeros. Es importante señalar que no se funciona a nivel jerárquico, sino horizontal. Por otra parte, cada chico tiene un referente, una persona dentro de la comunidad que sigue su trabajo educacional o laboral.», explicó Rodríguez Risso.

El hogar es mixto ,y tiene capacidad para albergar a dieciséis jóvenes. A cargo de ellos hay once funcionarios, entre educadores, estudiantes avanzados de psicología, administrativos, coordinadores y una educadora social.

Todos los días se lleva a cabo un grupo de reflexión donde los internados expresan sus dificultades. Una vez a la semana se reúnen todos ellos con la totalidad de los funcionarios del centro, a modo de analizar la semana y planificar la futura.

Una exigencia para permanecer en el lugar es la obligación de trabajar o estudiar que tiene cada chico. También se busca que realicen la mayoría de sus actividades fuera del hogar, o sea en talleres o locales de estudio externos. *

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