Una enfermedad psiquiátrica que puede tener raíz genética

Aún cuando se trata de una enfermedad psiquiátrica, existen patologías clínicas que pueden favorecer la aparición del «estado de pánico».

En primer lugar están quienes sufren un prolapso de válvula mitral, una condición cardíaca congénita, directamente relacionada a la propensión a sufrir los ataques.

En segundo término están quienes tienen problemas de tiroides, no necesariamente pacientes con bocio.

También los drogadictos son altamente propensos a la afección.

El trastorno ha sido subdiagnosticado en múltiples oportunidades por médicos de especialidades no adecuadas para esos casos. Incluso a nivel psiquiátrico, el «estado de pánico» ha sido considerado como una fase depresiva aguda, algo que si bien es superable, exige además, tratamiento de otra índole.

En el caso de las mujeres, el diagnóstico ha sido tradicionalmente más complejo, en tanto la expresión «te estás haciendo la viva», ha sido ampliamente usada buscando acabar con sus miedos patológicos.

Los enfermos de «estado de pánico» no reaccionan en forma similar ante estímulos parecidos: elementos totalmente dispares accionan los mecanismos del terror. Algunos de esos miedos están comprendidos dentro de las fobias conocidas: los más comunes son los agorafóbicos, aquellos con terror a los espacios abiertos. Pero el ataque puede sobrevenir a causa de tener que hacer la cola en la caja de un supermercado. Por tener que salir de casa. Un ómnibus se convierte en un verdadero monstruo.

Incluso a la hora de las reuniones de los grupos de tratamiento, uno de los principales problemas es el ausentismo a causa precisamente de un ataque inesperado. En ese contexto los grupos de autoayuda buscan la forma de acceder a un transporte que recoja a domicilio a los pacientes, para disminuir las inasistencias que demoran cualquier tratamiento.

Sin bien los tiempos de recuperación son absolutamente personales, los técnicos coinciden en la máxima de que «cuanto antes, mejor».

A partir de la entrada en el grupo de autoayuda, los ataques disminuyen ya a partir de la segunda o tercera semana de asistencia (las reuniones son semanales), aunque eso apenas sea el comienzo. *

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