Se confirmó la intoxicación crónica del trabajador del hotel Madison Resort
GABRIEL MONTEAGUDO, COLONIA
Luego de un contundente informe del Departamento de Toxicología de la Facultad de Química de la Universidad de la República en el que se confirmó que el trabajador presentaba una «intoxicación crónica» por el contacto con el producto químico con el que trabajaba en la sección limpieza del hotel, la empresa decidió derivarlo al seguro por enfermedad, para que fuera sometido al tratamiento médico correspondiente.
Los responsables del hotel dejaron sin efecto una medida que en primera instancia suponía una represalia al trabajador por haberse interesado por su salud, reclamando una asistencia sanitaria más profunda que la que le brindaron los servicios médicos de Carmelo.
La preocupación en tanto, también radica en que el producto se sigue utilizando y aparentemente, habría más trabajadores con problemas de salud por el contacto diario con este producto químico, utilizado en la limpieza en seco de prendas de vestir.
El tema será ingresado a la Comisión de Salud de la Cámara Baja por el diputado Luis Gallo, lo tiene en carpeta la junta departamental e incluso la central de trabajadores PIT-CNT se interiorizó por el problema.
Trabajadores descartables
En tiempos de capitalismo globalizado el trabajador retrocedió 200 años de lucha por sus derechos. En la mayoría de las grandes empresas y más aún en el interior del país, donde la crisis deriva en que la fuente de trabajo sea cuidada hasta límites extremos, el trabajador es un número sin historia, sin familia, sin derecho a una remuneración justa y además sin derecho a conservar su salud.
Esta situación fue sufrida en carne propia por Jesús Buenahora, un trabajador del hotel cinco estrellas desde su misma inauguración.
En diciembre del año pasado, el trabajador advirtió un progresivo desmejoramiento de su salud. «Me mareaba frecuentemente, me desmayaba y me sentía mal», destacó Buenahora, quien recordó las 7 veces que fue atendido por médicos durante el horario de trabajo.
El empleado intoxicado tiene 36 años, nunca fumó y conserva desde siempre su afición al deporte. Sin embargo, ahora se encuentra enfermo y sin trabajo, porque «así son las reglas».
Entre las distinciones recibidas, Jesús Buenahora fue representante uruguayo en mundial de Mar del Plata del año 1998, en la categoría de triatlón. En esa prueba recorrió 2.500 metros nadando, 87 kilómetros en bicicleta y 21 kilómetros de maratón.
«Corría habitualmente 20 o 30 kilómetros diarios pero desde que este producto comenzó a hacerme efecto, corría cuatro cuadras y ya me sentía cansado», cuenta Buenahora.
El trabajador aclaró que «nunca fumé. Tampoco sé lo que es sentirse mareado por tomar alcohol porque tampoco nunca tomé. Siempre me gustó el deporte y me formé haciéndolo», cuenta.
Preocupado por lo que le ocurría, comenzó a sospechar del producto químico con el que convivía gran parte el día: percloroetileno. «Estaba convencido que la manipulación de este producto me estaba afectando la salud, pese que me decían que los mareos, el dolor de cabeza y el desgano eran causa del estrés. Fue así que se me ocurrió pedir un pase al departamento de toxicología para que me estudiaran», narró el paciente.
Sin embargo, aunque él no lo difundió, el tema se conoció públicamente. Fue citado y se le comunicó que lo enviaban al seguro de paro. «No me dieron ninguna explicación», dijo.
Claramente, la información se había filtrado. Su posible intoxicación en el medio laboral había trascendido y entonces la empresa le hizo firmar los papeles del seguro de desempleo desde el primer día del mes, en lugar del día en el que le estaban informando la mala noticia «Para que puedas cobrar el mes que viene», le dijeron.
Días después, se conocía que el producto químico demora alrededor de 10 días en ser eliminado por el cuerpo. ¿Fue una simple coincidencia?
Informe toxicológico
El informe toxicológico realizado por la Dra. Amalia Laborde indica claramente el peligroso estado de intoxicación del paciente, ya que según indica el documento, el paciente presenta «un cuadro clínico y un perfil bioquímico hepático, que consideramos característico de una intoxicación crónica con percloroetileno».
El informe fue fechado el 12 de setiembre, es decir cinco días después que el trabajador tuvo contacto físico con el producto.
Por tal motivo, la profesional pide un estudio de sedimento urinario y dosificación de tratacloroetileno y de tricloroacético en orina, «aunque pasada una semana puede haberse eliminado. Aclara que en este caso «tiene buen pronóstico, ya que el cuadro es reversible».
La profesional, que es una de las expertas en toxicología más importantes del país recomendó luego de los estudios al trabajador que, «para reintegrarse a su actividad se hacen necesarias medidas de higiene ambiental sobre la fuente generadora y el área de trabajo, a los efectos de minimizar las consecuencias ambientales del tóxico».
Esperando resultados
Jesús Buenahora no está tranquilo. Está aguardando por estos días el resultado de los análisis que comenzaron a hacerle a través del sanatorio del Banco de Seguros, luego que la empresa dio marcha atrás y cambió su decisión de enviarlo al seguro de paro por el seguro por enfermedad, ante la contundencia de los diagnósticos médicos que confirmaron la intoxicación.
El trabajador teme que queden secuelas permanentes en su cuerpo. «Me preocupa haber traído a mi casa este producto en la ropa, en la piel y habérselo trasmitido a mis hijos», reflexiona.
Encargado del sector lavandería desde noviembre de 1999, es decir desde el comienzo mismo de actividades del hotel Madison, recuerda que en ningún momento nadie le dijo que el producto que usaban en la máquina lavadora era peligroso para la salud. «Nunca me dijeron que el manejo del producto era nocivo» aclaró.
El programa argentino Puntodoc/2 alertó en marzo de este año, advirtió acerca de los peligros del percloroetileno, utilizado en las máquinas de lavado en seco de ropa, similares a las que utiliza el hotel. «El que está más expuesto es el operario de las máquinas en las lavanderías. También los usuarios que llevan la ropa a su casa y no la ventilaron previamente», afirma el investigador del Conicet Osvaldo Fridman.
«En lugar de agua, las máquinas de las tintorerías rápidas utilizan percloroetileno y por cada lavado usan entre 60 y 80 litros que se reciclan varias veces» indica el informe, que se puede encontrar en la página web del programa (www.pundodoc.com).
Como empleado, en los dos años que lleva trabajando, Buenahora fue calificado por la empresa como un excelente trabajador, justamente encargado del manejo de la máquina que al final terminaría causándole el problema de salud.
Empleado muy valorado
Según pudo saber LA REPUBLICA, en la última evaluación interna realizada por los supervisores, Buenahora logró la máxima puntuación en el desempeño de su trabajo «siempre me esforcé por hacer bien el trabajo» afirma. Sin embargo de un día para otro y sin darle explicación alguna, decidieron enviarlo al seguro de paro en lo que pareció una clara represalia por haberse conocido públicamente su caso. «Yo no denuncié nada, yo sólo fui a atenderme porque me preocupa mi salud», dijo en una entrevista mantenida con nuestro diario.
Pese a las condiciones de seguridad que tiene la máquina, el polvillo que emana al meter o sacar la ropa que se lava «penetra en la nariz. Aunque uno aguante la respiración, igual penetra
en la piel ya que hay que meter el brazo hasta el codo dentro de la máquina» señaló.
Cuando se le pregunta que reflexión hace de toda esta situación, Buenahora afirma: «Creo que mi situación laboral es vidriosa, porque da la sensación de que me culpan por lo que me sucedió.
Tengo la sensación que la culpa de todo es mía. Parece que soy culpable por haberme preocupado por mi salud, parece que la culpa de haberme intoxicado es mía y que soy el responsable en lugar de la víctima. Yo lo que no quiero es que la gente se siga enfermando porque no se tomen las medidas adecuadas». *
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