Separándola del trigo
Hace muchos años vos podías decir: «Bien, loco, sos mundial», para dar a entender que el fulano era un crack. Bueno, crack también es viejo, no es la droga, quería decir que el tipo era un astro. («Astro» es mucho más viejo). En fin, que hoy deberíamos decir «sos global», que no suena nada bien y además me recuerda que le decíamos «globa» a la «guinda», a la pelota N° 5, al balón ¿me entendés?
Arranqué para allá atrás porque te quería contar sobre unos récords y ahí fue que me acordé de aquello de «qué record, vo» que decíamos cuando alguien metía la pata. Pero junate estos competidores del libro Guinness y sacá conclusiones sobre lo que es capaz de hacer la gente para lograr un poco de atención.
Si aquello de «mirarse el ombligo» era una forma delicada de decirle a uno que era un jeropa, imaginate lo que puede significar mirárselo durante 17 años. Y no sólo eso, además sacarte las pelusas que se juntan allí cada día, catalogarlas y guardarlas. Eso es lo que ha hecho Grahan Barker de Australia, con las pelusas de su ombligo logrando una bola del tamaño de una almohada.
Hablando de bolas, el británico Ken Edwards, logró sus 15 minutos de notoriedad, comiéndose 36 cucarachas grandes en menos de un minuto. Como tiene veleidades de showman, además monta un espectáculo en el que suelta dentro de sus calzoncillos a 47 ratas. La cantidad de ratas está en proporción directa con el tamaño de los testículos del artista. Otro ombliguista. También figura en lugar destacado Paul Hunn, el mayor eructador de la historia: un eructo suyo registró la marca de 118.1 decibeles. Lindo para invitarlo a comer atún con cebollitas. Otro ombliguista.
Yo ya mandé un mail a Guinness para que tengan en cuenta a Abdala, Brezzo, Mercader, Hackenbruch, Díaz, Opertti y otros, como los recordmen en el uso de adjetivos negativos contra el FA. Otros. *
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