Cómo llegar a ser el que manda
(A partir de la colaboración espontánea de un lector, Manuel, llegada por el correo electrónico [email protected])
Un día el cerebro viendo lo que sucede con las cadenas de mando entre los seres humanos, dijo: «Como yo soy el que da las órdenes y controla las diferentes partes del cuerpo, exijo que me llamen Jefe y acepten como buenas todas mis órdenes».
Las demás partes del cuerpo no lo aceptaron.
Los pies dijeron: «Nosotros soportamos todo el peso del cuerpo y los trasladamos a todas partes. Nosotros debemos mandar.»
El corazón reclamó para él la jefatura ya que sin él «no hay vida, no hay cuerpo». Los pulmones le recordaron la importancia de la respiración, las manos reclamaron con vigor, a puño cerrado, el derecho a gobernarse ya que ellas producían todo lo que el cuerpo necesitaba para sobrevivir. En esas discusiones estaban cuando el culo, muy suavemente, sugirió que el Jefe debería ser él.
Frente a estas pretensiones todos se mofaron de él. «¿Cómo se atreve a pedir semejante cosa un órgano –si es que puede llamarse órgano — tan desprestigiado e insignificante como ese?».
Herido en lo más profundo, el ano se enculó y decidió hacer paro de nalgas cerradas. «No más caca», dijo.
Al tiempo, el cerebro comenzó a nublarse por la fiebre, los ojos se hincharon, los pies se inflamaron, las manos se despellejaban sin razón, los pulmones y el corazón trabajaban a toda máquina para eliminar las toxinas.
Al final todos le imploraron al ano para que fuera el Jefe.
El ano asumió el cargo y abrió «las compuertas» salpicando a diestra y siniestra.
Moraleja: Para ser el que manda, no es necesario tener cerebro, ni ser imprescindible, solamente hay que tener culo y aprovechar el momento oportuno para defecarse en los que te rodean. *
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