El cuerpo humano como mercancía
l tráfico de órganos consiste en poner precio a la vida humana. Una lacra emergente de comerciantes suministran un órgano útil a otra persona a cambio de una elevada cantidad de dinero. En Internet es posible encontrar casas de subastas como Netease donde se llega a pagar cinco millones de dólares por un riñón.
Amnistía Internacional denuncia que la demanda de órganos es mucho más alta que la oferta legal, a pesar de que en el último año las donaciones han aumentado en un 4%. Además, el principio lógico de toda donación, la solidaridad, empieza a cambiarse por la mezquindad: las personas donan órganos a cambio de dinero, sobre todo en Estados Unidos. En la ciudad de Pennsylvania, los familiares de una persona clínicamente muerta y potencial donante, reciben una cantidad de 300 dólares si acceden al transplante.
Este negocio sigue pasos similares al de la trata de blancas o la venta de niños en adopción. Amparándose en poderes políticos y económicos, estos traficantes de personas actúan con total libertad e impunidad. La ONG Defensa del Niño Internacional, con respecto a la desaparición de niños, asegura que investigar estos casos es complejo porque no hay denuncias específicas de sus familiares, puesto que generalmente se trata de familias muy pobres que desconocen la Justicia, y porque se requiere peritajes médicos costosos que no siempre se llevan a cabo con profesionalidad.
En China, el país que menos respeta los derechos humanos según Naciones Unidas y donde las donaciones voluntarias no están legalizadas, se producen más de 4.000 muertes por la aplicación de la pena capital. Y es conocido que, en muchos casos, el fin de estas ejecuciones es el tráfico de órganos. De hecho, un 15% de los transplantes que se efectúan en dicho país es a extranjeros.
Por otra parte, en Nicaragua, 400 niños desaparecen cada año: la verdadera razón se desconoce, pero las organizaciones sociales internacionales que velan por la infancia sospechan de estos mercaderes de la muerte. En Brasil, por ejemplo, se encuentran de media cada día dos cadáveres de niños con los órganos extraídos.
La policía, la fiscalía y el Ministerio de Salud de Bolivia, junto a la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, confirman el secuestro de niños bolivianos y su salida del país para traficar con sus órganos. Waldo Albarracín, abogado que preside la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, afirma que estas prácticas ilegales también se desarrollan en Argentina, Honduras, México y Perú.
En Moscú, según las autoridades rusas, en 1993 una compañía extrajo de forma ilegal más de 7.000 órganos entre corazones, hígados, pulmones, riñones y córneas. El pasado año se detuvieron a cuatro médicos relacionados con esta práctica. Hoy en día, debido al clima de corrupción instalado en el país, esta cifra puede haber aumentado considerablemente.
En ocasiones, los niños son secuestrados y aparecen posteriormente vivos pero sin algún órgano, con cicatrices indicativas de operaciones de extracción, ciegos por la extirpación de las córneas… y con una remuneración en sus bolsillos cercana a los 10 dólares.
Muchas veces son los propios niños los que acceden a ser objeto de estas atrocidades debido a su mala situación social, a su carestía de alimentos y a su paupérrima economía.
Un ciudadano americano, James Cohan, ofrecía hasta hace dos años, la posibilidad de adquirir un órgano en perfecto estado por 175.000 dólares. En este precio iba incluida la operación.
Resulta extremadamente complicado descubrir estas redes mafiosas. Un órgano vital sólo puede estar fuera del cuerpo de una persona durante 6 horas. Desde que se localiza a una persona afectada, se define la causa del suceso y la policía comienza su investigación, el órgano ha sido transplantado y su nuevo usuario puede encontrarse en el otro extremo del mundo.
Se han detenido a muy pocos implicados en estas tramas, pero es obvio que en sus filas hay policías y ex policías capaces de parar cualquier investigación, traficantes de drogas con oscuros contactos y médicos que pueden realizar complicadas operaciones de cirugía en sólo unas horas a cambio de pingües beneficios.
La compra y venta comercializa el cuerpo humano, explota a los pobres, desanima las donaciones altruistas y motiva a los criminales a matar para obtener una ganancia.
* Especialista del Centro de Colaboraciones
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