A fuego lento
En Uruguay existen 1.040 bomberos capacitados para la acción, de los cuales 536 revistan en Montevideo y el resto en el Interior. En servicio hay, cada día, unos 900 de tenerse en cuenta licencias, partes médicos, etcétera.
Desde 1964, no se crean plazas o vacantes para los Bomberos: en aquél año había incluso un 30 por ciento más: 1.260 bomberos.
En estos casi 40 años sin embargo, no sólo aumentaron las construcciones y sus habitantes, también se crearon 25 destacamentos nuevos. En total hay 57 bases operativas, entre las que se deben distribuir los 900 efectivos.
Peor aun, hace 40 años la forestación era una simple idea. Hoy, con 350.000 hectáreas forestadas, uno de los mayores temores que tiene el Cuerpo es qué ocurrirá el verano próximo, con aún menos efectivos que el año pasado. Es que Jorge Batlle y el ministro de Economía, Alberto Bensión, resolvieron postergar la contratación de 150 bomberos que se efectúa, a partir de diciembre y por sólo 4 meses al año para prevenir incendios forestales.
Si algo ocurre en el último mes de 2001 el servicio está suspendido.
¿Por qué no llega la autobomba?
Más de una vez los siniestrados, reclaman alguno de los 153 vehículos de emergencia y apoyo de la Dirección, 86 de los cuales trabajan en 17 departamentos; los otros 67 en Montevideo y Canelones.
Pero cuando la gente se pregunta: ¿por qué no llega la autobomba?, y vive en Fray Bentos, –por ejemplo– la respuesta es casi increíble. La autobomba «fraybentina» es una Hino-Ranger… de 1948. La otra asignada a la capital departamental es más nueva, va para 15 años.
La vida media de una autobomba es menor a 10 años… en el mundo desarrollado.
La autobomba de José Enrique Rodó (Soriano), es una Magirus-Deutz de 1951. De las cuatro autobombas que tiene el ultraedificado Maldonado, la que debe operar de romperse alguna, es una Land Rover de 1952.
En Rosario, Colonia, la cosa es aún peor: la autobomba auxiliar, una Chevrolet Master de 1941, cayó recientemente fuera de servicio. En Tranqueras, hay tres autobombas. Podría parecer más que suficiente. Pero salvo la de 1987, las otras dos son de 1947 y 1960.
En Sarandí Grande, la autobomba de 1952, ni siquiera es de los Bomberos, es de la Intendencia de Florida.
Sin pedir un peso
Lo irónico de la situación es que los Bomberos poseen algo que los economistas llaman «recursos genuinos». Es decir, los bomberos no piden dinero al Estado, sino que generan por distintas vías sus propios fondos.
Claro que el Gobierno de turno, administra esos fondos, por lo que del festín, en el Cuartel Centenario apenas si comen las migajas.
Por ley, el 40 por ciento de lo que cobra cualquiera de las empresas aseguradoras (el Banco incluido) por las pólizas contra incendio, debe ser para equipar a los Bomberos.
Anualmente ello alcanza casi a 1 millón y medio de dólares. Hace cuatro años se autorizó una compra de autobombas por ese monto aproximado. De allí en más, la plataforma para alturas que entrará a operar el año próximo costó otro millón y medio de dólares.
Del destino de los millones de dólares restantes –que por ley sólo pueden ser usados para equipar a los bomberos– LA REPUBLICA consultó en áreas de las finanzas públicas sin respuesta alguna.
Cierto es que la cifra recaudada disminuyó, dado el atraso impositivo, pero no en la proporción del recorte.
Lo documentado es que el rubro de inversiones para la Dirección Nacional de Bomberos para el año 2001, no alcanza a los 10.000 dólares.
Finalmente la Dirección Nacional cuenta con otro recurso genuino: los proventos referidos a inspecciones, servicios de tipo «222» y habilitaciones, capaces de solventar buena parte del servicio. Pero el empleo de esos dineros no está regulado por técnicos de Bomberos (a quienes correspondería), sino a especialistas del Ministerio de Economía y Finanzas. *
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