Retratos urbanos

"Estoy en unos meses sabáticos"

Pepe Izquierdo – Ciclista

 

n un muro de la avenida Centenario, a dos cuadras de 8 de Octubre, está sentado. Llama la atención lo que define como su «disfraz de ciclista». La malla negra, larga hasta los pies, la campera deportiva verde con líneas amarillas, un buzo rojo debajo, las medias finas de color verde y las zapatillas de ciclismo negras acordonadas. Del cuello cuelga un silbato que oficia de bocina y en el tobillo lleva una tobillera con los colores del cuadro de fútbol de sus amores: Nacional, que dice también son los de la libertad. Lee Odisea de Homero, y a su lado, en el piso, la bicicleta de carrera verde y el casco del mismo color. De todos esos colores que lleva puestos, aunque ahora no esté presente, prefiere el blanco, porque significa la pureza.

Pepe Izquierdo tiene 59 años, por unos días más, pues está a punto de cumplir los 60, ocasión que aguarda para obtener de una vez la jubilación, que espera desde hace un año.

Cuenta que fue a buscar a su mujer, que es peluquera y trabaja a domicilio. Cuando ella termine con la clienta se tomará el ómnibus y él se irá en su vehículo hasta Prado Norte, lugar donde viven. Pero los paseos en bicicleta no se remiten solamente a acompañar a su señora, juntos cada uno en su rodado recorren habitualmente la rambla. Andar en bicicleta se convirtió en una actividad frecuente, ya que dispone del tiempo libre para hacerlo, combina el deporte con la lectura, una afición que tenía relegada.

–¿A qué se dedica actualmente?

–A leer, estoy en unos meses sabáticos. Leo todo aquello que mientras trabajaba no tuve tiempo, me gustan los clásicos. Ultimamente cumplía un horario de siete de la mañana a siete de la tarde y no podía dedicarme a la lectura. Anteriormente trabajé día y noche, recién ahora tengo tiempo. Y la otra actividad que llena mis horas es el deporte, me gusta mucho andar en bicicleta.

–¿En qué trabajó?

–Me dediqué a hacer muebles para niños. Nací en San Ramón. A los 17 años vine a Montevideo en busca de oportunidades, porque no tenía posibilidades de estudiar. Viví con una hermana en la calle Nicaragua y mi primer empleo fue en una fábrica que hacía ataúdes. Pero yo era muy joven y me impresionaba, mis compañeros se acostaban a dormir la siesta en ellos, para mí era muy fuerte. No me pagaban bien, así que abandoné y entré en una carpintería en Villa Muñoz, que hacía muebles para niños. De ahí en adelante siempre trabajé en eso. Con el tiempo puse mi propio taller, y realicé cosas para los niños que son la salsa de la vida.

–¿Cuándo dejó y por qué?

–Tuve que cerrar por la situación económica, no me valía la pena tener abierto con todo lo que tenía que pagar de impuestos. Fue hace un año. Estoy esperando cumplir la edad requerida para jubilarme, aunque como patrón no creo que me den más de mil quinientos pesos.

–¿Fue una decisión difícil de tomar?

–No sé. Pasaban cosas raras por mi cabeza, me preguntaba ¿cómo voy a dejar de producir, de entregar a Ordoqui a Gibernau? Pero también existe una realidad, no podía trabajar toda la vida.

–¿Tiene algún plan para cuando esté jubilado?

–Leer Martín Fierro. *

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