Brasil: las dos almas del movimiento negro

ntre los saldos positivos figura el desenmascaramiento de la ideología de la democracia racial. Desde las academias hasta las instituciones de gobierno, pasando por las organizaciones no gubernamentales, ya nadie piensa que Brasil sea un modelo de relaciones raciales armoniosas.

Como causa y consecuencia de ese avance, tanto en los planes escolares como en los programas sociales e institucionales se incorporó en los últimos años la necesidad de corregir las desigualdades causadas por el racismo.

El desenmascaramiento es consecuencia de la lucha organizada contra el racismo, que si no sepultó definitivamente el mito de la democracia racial, tan cultivado por las generaciones anteriores, por lo menos desarmó algunos dispositivos de reproducción de desigualdades raciales.

En la esfera gubernamental se crearon secretarías, consejos y otros organismos para la promoción de los negros, que también tienen asegurada una representación en algunos partidos. Proliferaron en el país los cursos que preparan alumnos negros y pobres para el acceso a las universidades, donde ellos son hasta ahora una minoría insignificante.

En el área rural se ha comenzado a conceder títulos de propiedad de la tierra a los habitantes de los quilombos, comunidades aisladas de negros descendientes de esclavos, tal como los indígenas tuvieron reconocidos sus territorios, ya demarcados en muchos casos.

Una señal de los tiempos y de la discriminación remanente es el hecho de que la delegación brasileña a la conferencia de Durban estará encabezada por un diplomático blanco (aunque respetado por sus posiciones antirracistas). Es emblemático: en un país de minoría blanca, un blanco es el jefe de los representantes mayoritariamente no-blancos en una conferencia mundial de tanta importancia, que interesa más directamente a los negros e indígenas. Uno de los principios del racismo brasileño es que los blancos representan a los negros, nunca sucede lo contrario.

De acuerdo con las recomendaciones formuladas en las reuniones preparatorias de la conferencia, el gobierno de Brasil realizó tres preconferencias. Participaron académicos y expertos de las más diversas especialidades, en su mayoría indios y negros. Un balance de sus comunicaciones permite visualizar los dilemas que enfrenta hoy en Brasil la lucha contra el racismo.

El dilema central es si se puede separar la lucha contra el racismo de la lucha contra el sistema capitalista.

Los que creen que eso es posible reproducen una tradicional estrategia integracionista de los movimientos negros: exigen «mayores oportunidades» para los negros en las profesiones liberales, en la jefatura de las fuerzas armadas, en el mundo de los negocios, de la diplomacia, de la política, etcétera. Y como ya ocurrió en el pasado, vuelven a proponer la creación de un partido negro en contraposición a los partidos de los blancos.

Por el otro lado se encuentran los que creen en la imposibilidad de separar la lucha contra el racismo de la lucha contra el sistema económico hegemónico mundial. Para ellos (entre los que me incluyo) el motor del racismo y sus formas conexas surgen del modelo de acumulación que Brasil ha desarrollado en los últimos 70 años, en estrecha dependencia con el modelo de acumulación mundial.

En efecto, al entrar Brasil en la era de la sociedad de masas –o del «espectáculo», o del «videocapitalismo»– se le reservó a los no-blancos el papel de mano de obra. En esa etapa ya no se puede seguir hablando de exclusión de los negros. La exclusión existía en la época de la esclavitud, hace cien años y aun durante la infancia del capitalismo brasileño (hasta 1930) ellos fueron marginados del mercado de trabajo industrial.

En la sociedad actual el espectáculo incluye a todos. Todo lo que hacen los negros es inducido a adquirir visibilidad y así generar la plusvalía del mundo del espectáculo. ¿Cómo se podría afirmar que los millones de negros que ven televisión diariamente, compran ropa y calzados deportivos de marca, CD de moda internacional, venden y compran droga, están excluidos de la sociedad?

El asunto es polémico, pero esto no es una novedad. Desde el Frente Negro (1932) que se considera como el inicio del movimiento negro contemporáneo, la lucha organizada contra el racismo se caracteriza por fuertes antagonismos internos. Hasta los dos héroes históricos del movimiento, Ganga Zumba y Zumbi, fueron antagónicos. Hacia 1650 el primero hizo la paz con los blancos, pensando en sobrevivir y prosperar; el segundo combatió contra el mundo globalizado del azúcar hasta la muerte, asociando la explotación del azúcar a la esclavitud del negro y del indio.

En la próxima Conferencia Mundial contra el racismo, las dos corrientes del movimiento negro brasileño estarán presentes, con el predominio, quizás, de la integracionista. Esta última le otorga prioridad a las medidas y acciones antirracistas específicas y puntuales, sin cuestionar los sistemas políticos y económicos locales y mundiales en los que se insertan. La otra tendencia coloca la prioridad en las medidas y acciones de carácter más general, que afecten el comercio mundial, la dominación neocolonial, la agresión al medio ambiente, al neoliberalismo y así sucesivamente.

(*) Joel Rufino es escritor, profesor de literatura en la Universidad Federal de Río de Janeiro y subsecretario de Derechos Humanos en el estado de Río de Janeiro. (Especial de IPS)

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