NUTRIA, ÑANDU, CARPINCHO, ACCESIBLES EN MONTEVIDEO

Carnes silvestres en el centro de la ciudad

La idea de acercar estos alimentos al público nace de dos hermanos que hasta hace un año atrás nada tenían que ver con el rubro carnicería. Boris López de Lacalle tiene 38 años, era chapista pintor de autos y estaba cansado de la difícil situación económica y la falta de trabajo. Así que se asoció con su hermano Ricardo, un año mayor y se sentaron a pensar que podían hacer. De inventar, nada, pues asegura el menor de los hermanos que ya está todo inventado, la cuestión es ponerlo en práctica. Hasta ese momento lo único que conocían de carnes silvestres era lo poco que aprendieron alguna de las veces que fueron al interior del país. Y pensaron que podían intentar con esas carnes diferentes, que no se encuentran fácilmente en la ciudad.

Crecieron en poco tiempo

El primer paso fue ponerse en contacto con los criaderos, recorrer el interior del país, averiguar precios y de a poco lograron instalar el negocio. En el transcurso de unos meses el comercio se expandió y agregaron nuevos productos, además de los cárnicos.

Ofrecen carne de liebre, jabalí, carpincho, nutria, pato, codorniz, rana, cordero, conejo, lechón, caracoles de mar sacados de las costas de Rocha, varios tipos de hongos de cultivo, salsas agridulces para acompañar las carnes, vinos de la Bodega Chapella de Sauce, licores, quesos caseros de Cerro Colorado –entre los que destaca el de cabra–, mermeladas artesanales de un grupo de mujeres rurales de Melilla, miel extraída de campos de naranjales en Dolores, pastas, dulces O’Brian. A estos alimentos se suman los productos tradicionales de cualquier carnicería, como carne de vaca, pollos, gallinas, huevos, fiambres y alimentos para mascotas.

Ñandú: lo más vendido

Tanto Boris, como Nelson Charquero, su empleado, aseguran que la aceptación de la gente a estos productos es excelente. «Compran una vez para probar, con un poco de miedo. Después les gusta y vienen siempre. Tenemos clientes que llegan desde el Chuy, otro viene de Artigas y el embajador de Uruguay en Yugoslavia cada vez que está en el país compra ñandú, carpincho o jabalí. Hace unos días nos llamó para que le preparáramos un pedido. También abastecemos a restaurantes como Don Trigo, La Yerra y Plaza Bonita».

Cuentan los carniceros que la carne más vendida es la de ñandú. «Hay gente que en el extranjero comió avestruz y piensa que el ñandú es lo mismo, pero no es igual. Esta carne es parecida a la de vaca pero totalmente magra, es recomendada para las personas que padecen diabetes. Los chorizos de ñandú también son muy solicitados y hay quienes se acercan hasta aquí únicamente a buscar rana», explica Charquero.

Lo exclusivo sale caro

Los precios son bastante elevados, lo que, afirma López de Lacalle, no disminuye las ventas. El kilo de picaña (carne de ñandú similar al corte cuadril) vale 150 pesos, el kilo de chorizos de la misma ave cuesta lo mismo, pero el lomo sale un poco más: 220 pesos. La nutria se consigue por 65 el kilo, la carne de conejo en igual cantidad asciende a 55 pesos. La rana entera vale 260. El carpincho se vende a 90, los caracoles de mar vienen en lata y cada una está a 105 pesos. Los cien gramos de hongos se pagan 30. El cordero siempre es fresco, se trae de un día para otro y se consigue por 35 pesos el kilo.

Los productos que no se encuentran en este mercado se pueden encargar y en unos días se consiguen. «El boca a boca, la difusión de la gente nos permite hacernos conocer y crecer cada vez más, prácticamente tenemos todo tipo de carne», afirma Boris.*

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