Dos víctimas de la estafa

Cientos de uruguayos fueron estafados por una mujer que, mediante un aviso en el matutino de la Plaza Cagancha, les prometía, a cambio de diferentes sumas, desde trabajo en Australia hasta un promisorio futuro en el «mundo de las pasarelas».

Tiempos de crisis. El índice de desempleo alcanzó el 16%. Récord nacional. Miles de personas deambulan por la Dirección Nacional de Identificación Civil en busca de su pasaporte. La falta de empleo y la incertidumbre laboral existente conlleva a la búsqueda de nuevos horizontes.

La expectativa de un futuro mejor fue utilizada por una mujer, de nombre Mariana, que bajo la modalidad del «cuento del tío», aggiornado a los tiempos que corren, lucraba con la ilusión de cientos de trabajadores informales y desempleados.

El truco, por cierto, era bastante sencillo. En el suplemento de clasificados de los domingos, en la sección «Trabajo Pedido», se podía leer: «Agencia Mariana. Particular solicita desde Australia con oficios varios 100 contratos por 1 año».

La mujer, a cambio de 100 pesos, prometía a los incautos empleo de pintor, albañil y otros oficios en Australia.

Silvia, una de la jóvenes damnificadas y vecina de la zona, narró a LA REPUBLICA la forma en que fue engañada.

«En mi caso tuve suerte porque no me sacó mucho dinero. Una amiga me dijo que en ese lugar te conseguían trabajo. Esta mujer me tomó los datos, pagué y me aseguró que iba a enviar mi currículum a diferentes empresas lo que, obviamente, nunca sucedió», señaló la joven.

Un comerciante de la zona contó a LA REPUBLICA que los sábados se podían observar decenas de personas haciendo fila en busca de «un futuro mejor».

«La mayoría eran desempleados o trabajadores informales. También venía mucha gente de interior del país», afirmó.

También parapsicóloga

Pero las actividades de la «agencia de colocaciones» no terminaban ahí. A pocas cuadras de la pujante «empresa», ubicada en Belloni 5155, en su domicilio particular, la mujer «veía» el futuro a través del tarot y los buzios.

Mariana, además, tenía «buen ojo» para detectar nuevos modelos. Un joven, que en ese momento estaba empleado en una rotisería de la zona, también fue estafado. Esta vez, Mariana sacó a relucir sus contactos en «el mundo de modelaje».

La mujer comenzó por alabarle el color de sus ojos para, inmediatamente, espetarle que su futuro estaba «en las pasarelas». Claro que primero debía abonar 150 pesos para un casting. El joven no dudó y le dio el dinero confiado en su promisoria carrera.

El entusiasmo del aspirante a modelo llevó a que Mariana, días después, le solicitará 2 mil pesos para un curso donde, en teoría, se le iba a enseñar cómo desenvolverse en desfiles de moda y producciones fotográficas. El final de la historia es bastante previsible. *

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