Planta de Barros Blancos quema huesos pese a prohibición municipal
Frumasal ha sido reiteradamente denunciada ante la intendencia canaria por los vecinos, que reportaron graves problemas respiratorios como consecuencia de los gases altamente fosforados que emite la quema. Una investigación clínica estimó que uno de cada tres habitantes del barrio Capitán Artigas, donde está enclavada Frumasal, contrajeron enfermedades pulmonares.
«Hoy (por ayer) en la tarde los humos están terribles. Utilizan además neumáticos para mantener la hoguera, y el hollín se mezcla con esa peste del fósforo que dificulta la respiración», comentó Gustavo Pinto, uno de los vecinos de la zona.
LA REPUBLICA ha relevado al menos en tres oportunidades las quejas de los vecinos contra Frumasal. La última vez, en diciembre de 1999, provocó la clausura municipal definitiva del «horno» de la empresa, que sólo quedó habilitada a manejar «en frío», y bajo ciertas normas sanitarias, restos de cueros. No obstante, denuncian los vecinos, la quema nunca fue totalmente suspendida.
Otra vecina, Carmen Méndez, lleva marcados en el calendario los días que Frumasal encendió su hoguera en el último año. «Yo anoté que quemaron cerca de 60 días, y me pude haber comido una cantidad de días», dice. Otero denunció que Frumasal enciende la fogata ya entrada la tarde, cuando difícilmente debería encarar una inspección municipal, y también los viernes, cuando los inspectores se van de fin de semana, y nadie en la Intendencia recibe las quejas.
Harinas fosforadas
Frumasal fabrica harinas fosforadas a partir de restos óseos de frigoríficos, que incinera en fogatas improvisadas en el patio de la planta. En Uruguay, las harinas ricas en fósforo y calcio se comercializan como complemento alimenticio para animales, pese a que esta práctica ha sido recientemente prohibida en casi todas partes del mundo. La ingestión de restos de animales por parte de los bovinos es una de las causas del surgimiento y expansión del virus de la «vaca loca» en Europa,
Según la información disponible sobre el tema, el proceso se vuelve prácticamente riesgoso cuando la incineración se hace a temperaturas insuficientes, porque el calor no alcanza a eliminar toda la carga de virus. Según prescripciones técnicas, este tipo de manipulación debe efectuarse en hornos de altísima temperatura, capaces de alcanzar los mil grados centígrados.
El «horno» donde quema Frumasal, denuncian los vecinos, es apenas un nicho construido con ladrillos en una esquina de un galpón abandonado. «Hoy no hay más calor que el necesario para hacer un asado», bromeó Pinto.
La IMC exigió a Frumasal la construcción de un horno adecuado según parámetros técnicos universales, y la elevación de una chimenea con decantadores de humos para atenuar las emisiones. Según denuncia Teresita Otero, cuando vencido el plazo la planta no cumplió, quedó automáticamente clausurada. «Pero Frumasal respetó la prohibición algunos meses. Luego, a escondidas, volvió a acarrear esa carroña y a quemarla», denuncia. *
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